La Gran Evasión

La Gran Evasión
Mostrando entradas con la etiqueta Eastwood Clint. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Eastwood Clint. Mostrar todas las entradas

jueves, 4 de abril de 2024

411 - Mystic River - Clint Eastwood 2003

 Un guion redondo de Brian Helgeland sobre la novela de Dennis Lehane, una madeja de sospechas y maldades, da lugar a una de la grandes obras de Eastwood. Clint siembra dudas, nos pone al nivel de Celeste, la esposa de Dave, un excepcional Tim Robbins, que llega la noche del asesinato con las manos manchadas de sangre y le cuenta una historia inverosímil. La pesadilla es recurrente, el padre susurra a su hijo en la cama antes de dormir, el hombre no es un hombre, es un niño, siempre lo será, un niño aterrado que ha escapado de los lobos,que ha perdido la inocencia de forma horrenda, que nunca podrá ser persona, un vampiro, un ser muerto en vida. Celeste – Marcia Gay Harden – no se fía, cree que Dave es el artífice del crimen sobre el que orbita la trama de Mystic River, el asesinato de una joven en  la católica Boston.

El film abre con tres críos jugando al hockey en una barriada, la pelota caerá en una alcantarilla, y unos nombres quedarán grabados en cemento aún húmedo, a Dave no le da tiempo de escribir el suyo, en ese momento su infancia quedará grabada, cuando acceda a subir al asiento trasero del coche de dos extraños. Los demonios de la noche rondarán a ese hombre muerto en vida, que volverá a subir a otro coche, el que le acerque al río místico, donde los pecados más innombrables se entierran. 

Eastwood trata un tema tan delicado como el abuso infantil, lo hace de modo elegante, quizá en la película más angustiosa de su filmografía. Los lazos de sangre, la pertenencia a la comunidad, la honra, y la fatalidad marcan las vidas de estos personajes.  La desgracia infantil marcará el futuro no solo del que sufre el abuso en sus propias carnes, también sus dos amigos, los que le vieron subir al automóvil, llevarán la experiencia para siempre aunque no estuvieran encerrados durante varios días en un sótano. Cada uno de ellos ha intentado salir adelante como ha podido, Jimmy-Sean Penn- metido en líos y diversos delitos ha rehecho su vida con una mujer -Laura Linney-, el personaje de Kevin Bacon es policía, se le asignará el caso de la muerte de la hija de Jimmy, y el traumatizado Dave, padre de familia y casado con otra débil de espíritu. 

Esta noche cerramos la ventana para que no entre los vampiros reales…

Zacarías Cotán, Raúl Gallego, Salvador Limón y David Velázquez

 

 




























sábado, 15 de octubre de 2022

382 - El Jinete Pálido - Clint Eastwood 1985

 La plegaria de una jovencita clamando justicia, convoca a un misterioso hombre con un alzacuellos y un revolver….

En esta tormentosa noche de septiembre nos encontramos con el Jinete Pálido, quizás la primera obra maestra del último maestro, Clint Eastwood.

El Jinete Pálido es un western atípico, abstracto, espectral, que desconcertó a todos en 1985. Una mirada oscura y fantasmagórica de Raíces Profundas (George Stevens, 1953). Clint Eastwood nos presenta una pequeña comunidad de mineros, acosados por un empresario implacable, Coy LaHood, que quiere expulsarlos de sus tierras y explotar, de forma moderna, de forma indecente, los recursos del valle. Tenemos a un buen hombre, Hull Barret, a una buena mujer y a su hija adolescente, Sarah y Megan, pero sobre todo, tenemos a una comunidad atemorizada.

En el jinete pálido ya encontramos las constantes del cine de Eastwood, sus obsesiones y sus pecados mas ocultos: El hombre sin nombre, el solitario incapaz de perdonar, incapaz de perdonarse, atormentado por un pasado violento del que no puede escapar; las relaciones paterno filiales de redención y amor despechado; las injusticias flagrantes que gritan Venganza; la comunidad y el individuo, los inocentes que la violencia se lleva por el camino…. Todo ello expuesto con una mirada fría y desnuda, desprovista de subrayados y de explicaciones.

Un conflicto ente un hombre de Dios y su Nemesis: hipnótica la aparición del comisario Stockburn, y sus seis ayudantes. Un predicador, un Jinete surgido del abismo. ¿Viene a hacer justicia o a saldar una vieja deuda…? Sus cicatrices y sus habilidades para matar y para amar, definen su propósito. 

Zacarías, Cotán, Gervi Navío y Raúl Gallego cabalgan junto al jinete sin nombre, con un buen pedazo de nogal y un Remington entre las manos, la Biblia la dejamos en las alforjas del cine.

Libro de Apocalipsis, capítulo 6, versículo 8: «Y miré, y vi un caballo pálido; y el nombre que lo montaba era Muerte, y el infierno lo seguía…

Gervasio Navío Flores. 

DALE AL PLAY Y ESCUCHA EL PROGRAMA


  

 














domingo, 27 de septiembre de 2020

290 - Sin Perdón - Clint Eastwood 1992

“¿Quién es el dueño de esta pocilga?” 


William Munny no levanta cabeza desde que su amada esposa murió de viruela. El lastre del pasado es imposible de liberar cuando no hay más que muerte. Entre cerdos enfermos y algunas gallinas, William malvive con sus dos hijos en medio de la nada. De pronto, otra oportunidad, otra recompensa, más muerte. Dos vaqueros han rajado el rostro y el cuerpo de una prostituta, las meretrices quieren ajustar cuentas, y pagan bien. No quieren ser tratadas como bestias. No hace mucho, William también trataba mal a los animales, y a las personas, directamente las asesinaba si era preciso. Ahora le cuesta subir a su montura, ha perdido vista, ha perdido agilidad, ¿o es qué hasta el caballo le desprecia? El remordimiento persigue al pistolero, los cadáveres de sus víctimas se aparecen agusanados en las noches de tormenta. 

La sangre llama a la sangre, la violencia se alimenta de más violencia. Y en el viejo Oeste los defensores de la ley pueden acabar también en el infierno, que se lo digan a Little Bill -Gene Hackman-, sheriff de Big Whiskey. Billl sabe que sus métodos no son muy ortodoxos, y está orgulloso de ello. Está construyendo una casa junto al río, quiere contemplar los atardeceres mientras toma café recién hecho. Los psicópatas también buscan la tranquilidad del hogar al final de sus vidas. Bill disfruta cada golpe, cada patada, no soporta a los asesinos. Todo por el bien de la comunidad, el de una nación forjada en la violencia, el saqueo y las falsas leyendas. 

En la fotografía de Jack N. Green dominan los tonos ocres, rojizos, oscuros como una botella de whisky, como los muebles del burdel del pueblo a la luz de los candiles, de la pocilga, así la llama el pistolero en el clímax final con su rifle Spencer en ristre, y la pistola Schofield de repuesto, por si acaso, se la ofrecio el chico miope que no sirve para matar a nadie. Espléndidas actuaciones del propio Eastwood, Morgan Freeman, se siente a sus anchas como Ned, el amigo tranquilo, compañero de correrías, Gene Hackman, que se llevó el Oscar, y por supuesto Richard Harris, su intensa aparición como Bob el inglés, otro famoso forajido que desprecia a los americanos el mismo Día de la Independencia, y viaja con su biógrafo particular , un temeroso escritor al que le narra sus fechorías con más adorno que verdad. 

Quizá el último gran western, Sin perdón tenía que ser obra de Clint Eastwood. Bellos planos del horizonte que el mismo Ford aplaudiría, el atardecer sobre los jinetes, tormentas nocturnas, interiores tenebrosos que Clint ya aprendió a plasmar en El fuera de la ley, Infierno de cobardes o El jinete pálido.


Raúl Gallego

 

 
















Clint Eastwood visita esta noche nuestra pocilga del cine, con una de sus obras maestras, quizás el corazón de su inmensa carrera, Sin Perdón (Unforgiven), 1992.

Un Western oscuro y amargo, donde los pecados del pasado persiguen a unos tipos, a los que el futuro está arrinconando…Bob el Inglés, Ned Logan, Little Bill, William Munny….Viejos Pistoleros que deben rendir cuentas por la sangre y el plomo derramados, por las vidas segadas. 
El destino implacable cobrará sus deudas.

David Webb Peoples delinea esta historia, con un guión tan negro como la propia alma de William Munny, la grandeza de Eastwood es desmitificar la mitología americana, la esencia de su país, y a la vez, homenajearlo.
Porque en este western nos enfrentamos a un mundo crepuscular donde el honor y la valentía son meros dibujos y palabras en el cuaderno de un escritor, de un trovador que llena de gloria y leyenda una realidad sucia y descarnada, desprovista de épica y honor.

Eastwood dedica Sin Perdón a Sergio Leone y a Don Siegel, pero en esto fotogramas esta sin duda Sam Peckinpah, está sin duda John Huston y sobre todo, esta el clasicismo del maestro John Ford. 
No sólo en imprimir la Leyenda, sino en contarla con la mirada de un poeta: Los planos con la linea del horizonte en la parte baja de la pantalla, la cabaña destartalada recortada sobre el cielo en llamas del atardecer, la figura imponente y trágica de un hombre visitando la tumba de su esposa; un joven que ha matado y ahora debe asumirlo, vivir con ello….; o un viejo shérif que no ha terminado su porche, que no está preparado para morir.

Nos encontramos a un Eastwood introspectivo que reflexiona sobre temas capitales, Sin Perdón ahonda en la esencia americana, en la amistad, en la aventura, en la venganza, en la violencia, en las pistolas humeantes, pero detrás del humo están las vidas que el plomo se lleva, enfrentarse cara a cara con la muerte, lo difícil que es quitar una vida, lo que implica.
Los hombres mancillando el regalo sagrado.

También hay reflexiones sobre la Mujer, Eastwood nos presenta a mujeres fuertes e integras en una época donde eran mera mercancía, una inversión, ganado, que se marcaba como propiedad y que había que indemnizar si se dañaba.
Una prostituta cortada por cuestionar la virilidad de un vaquero, acarrea un río de sangre y muertes, una mujer que termina siendo un ángel para William Munny, el esbozo de una sonrisa  al verle fundirse en la noche.
Las ausencias también definen la filmografía de Eastwood, aquí está la esposa fallecida de William, Claudia, que rige los destinos de este pistolero desalmado que ahora malvive en un paraje perdido, incapaz de darle un futuro a sus hijos, apartado del Whisky y la Violencia. 
Deberá recurrir de nuevo a su negra y atávica esencia, ante la promesa de una vida nueva, de un futuro, ante una bolsa llena de sucias monedas.

Una obra maestra de un maestro, el último clásico, que se pierde en la noche a lomos de un caballo pálido, tras haber asesinado a los canallas que cortaron a una prostituta y torturaron y exhibieron el cadáver de su amigo en la puerta de una sucia taberna.

Inocentes….Zacarias Cotán, José Miguel Moreno, Raul Gallego, Gervi Navío, Salvador Limón…

¿Inocentes de qué?

Gervasio Navío Flores.



viernes, 22 de septiembre de 2017

150 - Bird - Eastwood 1988

El sonido de un saxo alto atraviesa la noche. Clint Eastwood nos trae a Charlie Parker, a Bird, la pantalla en negro, del escenario una figura recortada por las sombras eleva el Jazz a otra dimensión, un músico adelantado a su tiempo, un hombre destruido, envejecido, con apenas treinta años. En 1988 Eastwood regalaba a melómanos y cinéfilos una de sus primeras obras maestras, el retrato de una leyenda, Charlie Parker, su gloria y su derrota, asesinado en 1955, por el alcohol, la benzedrina, la marihuana, la heroína....por Bird...por la soledad y la angustia que acompañan a los genios, murió con 34 años pero su legado es eterno. Charlie Parker: Talento visionario, mezcla de técnica y velocidad, lógica y lirismo, pasión e inteligencia, iba mucho mas allá del terreno puramente experimental, el Jazz moderno nace de su búsqueda, de su saxo, de la otra mitad de su latido, de la trompeta de Dizzy Gillespie, de un puñado de jóvenes revolucionarios, Max Roach, Miles Davis, Monk, Powell, Potter, Jordan... Eastwood tuvo la ayuda de Chan, la viuda de Parker, que le entregó muchas grabaciones inéditas de solos del genio, Clint recurrió a su amigo y compositor habitual, Lennie Niehaus, un gran arreglista, además de un soberbio saxofonista que dominó la escena del West Coast Jazz, y sobre todo un admirador de Parker, para el reto que le propuso Eastwood consiguió algo fabuloso: unir ayer y hoy. Rescató esas grabaciones antiguas, las aisló con un descomunal trabajo de ingeniería musical, y se regrabaron los temas con músicos actuales de primer nivel. El trabajo es extraordinario, asistimos en primera fila a las actuaciones de Bird, literalmente volamos con él.
Sartre: “Los genios no conocen su propia valía” Bird si conocía la suya, pero esa consciencia nunca fue suficiente para espantar los demonios, o tal vez, la frustración de saberse el mejor y no recibir todo el reconocimiento que merecía fue lo que no le permitió salir de la espiral de autodestrucción que fue su vida. La fotografía es simplemente impresionante, el trabajo de Jack N. Green es increíble, una iluminación bajísima, prácticamente sombría. La oscuridad actúa como una gran metáfora de la visión trágica que Charlie Parker tiene de su propia vida, unas sombras que sólo se dispersan cuando el foco del escenario se enciende para él, o mejor dicho, la luz emana de su propia figura....Eastwood debe estar orgulloso de haber hecho realidad un viejo sueño, quizás, haya sido demasiado fiel al guion de Oliansky, pero el resultado es magnífico. Forest Whitaker era prácticamente un desconocido cuando Eastwood le ofreció ésta gran oportunidad, su interpretación es soberbia, llena de matices, contenida, es capaz de mostrarse frágil, sensible, encantador, un auténtico seductor y a la vez ser un tirano miserable, hundirse en el agujero de la heroína y el alcohol, dejarse arrastrar por sus demonios, incapaz de conservar aquello que más ama por culpa de sus propias debilidades, transformándose en el escenario, al instante siguiente, canalizando sus emociones y ese dolor a través de su música. Diane Verona, Chan, da la réplica a Whitaker con soltura, compone a esa compañera que lo ama profundamente, el refugio al que volver después de cada descenso.

Extasiados por el vuelo de Bird, dejamos que la torre de Radiopolis gima con la negrura de Parker.
A la dirección José Miguel Moreno, contertulios, Raúl Gallego, Gervi Navio, y desde el sanatorio de Camarillo, transcribiendo Jazz y Cine mientras el sol se oculta, nuestro crítico César Bardés.

Charlie Parker leía a Dylan Thomas, pero su poeta preferido fue siempre Omar Khayyam, os dejamos unos versos del alfarero persa y un Bonus track para los fieles que escuchan los podcasts hasta el final, el tema Embraceable you de las grabaciones para Dial Records en 1946. No hacen falta más palabras, dejen que Bird los arrastre y los envuelva con sus alas....
"Ven, llena la copa y arroja al fuego de la primavera tu invernal hábito de penitencia; el pájaro del tiempo está volando, y tiene corto camino para aletear."

 Gervasio Navío Flores.


 Artículo sobre Bird, por César Bardés


DALE AL PLAY Y ESCUCHA EL PROGRAMA

 

sábado, 26 de noviembre de 2016

Sully -Clint Eastwood- 2016























La última película del maestro Eastwood incide sobre algo que, si bien ya estaba dicho en su carrera ( Space Cowboy, Un mundo Perfecto, El Francotirador ), se cuenta ahora con simpleza y desnudez. Con la tranquilidad de quien ya no tiene que demostrar nada, filma de forma impactante, con la bellísima fotografía de su inseparable Stern, una historia nada complaciente sobre una sociedad aletargada y estadística que niega al propio hombre. Un piloto de líneas regulares que fue capaz de salvar a 155 pasajeros realizando un aterrizaje de emergencia en el río Hudson, se enfrenta ahora a un juicio por negligencia al no haber contemplado otra opción. Las simulaciones por ordenador así lo determinarán y el pueblo, incrédulo e impotente, lo acepta. El director de Million Dollar Baby, con una estructura de thriller reposado y elegante, bella música y magníficos flasbacks, narra la crisis de un hombre sencillo, familiar, envuelto en un circo de mentiras, del que es héroe y villano a la vez.
En determinados momentos hemos de tomar decisiones solos, siempre en realidad lo estamos, no deja de decirnos Eastwood, y esa es nuestra responsabilidad ineludible, que ninguna máquina podrá jamás tomar o entender. Lo contrario es Auschwitz, dónde las personas sólo eran números, y donde la decisión no existía. De nuevo Eastwood dispara muy consciente sobre aquellas convicciones que, distraídos e hipnotizados, hemos ido asumiendo.

José Miguel Moreno.

miércoles, 3 de febrero de 2016

71 - Gran Torino - Eastwood 2008

Quitarse de encima las telarañas de la edad es un sacrificio que, muy a menudo, nos devuelve una dignidad que creíamos perdida en los ojos quemados por el horror y la soledad. En esta ocasión, Clint Eastwood, impresionante y sabio, nos regala un auténtico gozo para el alma que tan bien sabe pintar, un sobrecogimiento para la vejez que tanto nos espera y un estremecimiento para las lágrimas que luchamos para no derramar.
Y es que los hombres, cuando tienen un pie en el estribo a punto de partir hacia el ocaso definitivo de la muerte suelen mirar a su alrededor para ver qué es lo que han hecho. Walt Kowalski tiene plena conciencia de que sus hijos no le quieren, de que su mujer murió dejándolo en compañía de una perra y de unas cuantas cervezas y de que el pasado se le presenta, justiciero y rencoroso, durante todos los días de su vida. En su barrio, se siente extraño y muestra un cierto desprecio hacia todos por la sencilla razón de que nunca ha sentido el calor del cariño acariciando sus arrugas. La inmigración y las reacciones que suscita están implícitas en esta película de un alcance mucho mayor que el de una escopeta de mira telescópica y el sufrimiento de quien mata vuelve a ser, como en Sin perdón, motivación y destino de un hombre que está aterrorizado con la posibilidad de morir durmiendo.
Puede que, en un instante ajado de nuestras vidas, nos demos cuenta de que sólo hay un par de cosas que realmente nos importan. Puede que una de ellas sea un montón de chatarra lustrosa que guardamos en el garaje. Puede que otra sea el cariño que un puñado de extraños vierten como un agradecimiento que sea algo desconocido para nosotros. E incluso puede que otra sea descubrir que hay alguien que sabe y conoce los entresijos de un perdón que nunca hemos disfrutado. Y quizá seremos conscientes de que el mejor castigo es dejar que la misma vida sea la encargada de impartir justicia. De hacer que muera quien ya vivió, de dejar que se pierda quien no supo vivir y de dar una oportunidad a quien pide a gritos disfrutar de la vida.
En cualquier caso, en los rincones del alma de un viejo, hay todavía mucho amor que repartir en silencios elocuentes. Hay la capacidad de intentar un último esfuerzo de superación. Hay ironía para hacer que el declive sea más llevadero en ese desidioso torbellino de la edad que ronda la muerte. Hay todavía unas cuantas cervezas más que apurar mientras irse puede ser un último cigarrillo liado con las hebras del placer.
En esta película, hay escenas de John Ford salidas de las entrañas de un hombre que sabe mostrar, con su última obra, cuál es el auténtico mutis de los héroes, la verdadera salida de los hombres que supieron hacer cine, el atardecer teñido de sangre de una vida que ha merecido la pena aunque puede que no haya conseguido ser novia de la felicidad. Aquí, Clint Eastwood, nos maneja con esa maestría insuperable en la que sugiere y no muestra, en la que muestra y no mata, en la que revisita al director que más y mejor ha sabido ser su maestro como el tuerto genial (y, no, por mucho que digan, Eastwood aprendió la técnica pero bebe más bien poco de Don Siegel y de Sergio Leone. Él y su cine poseen el genuino sabor de Ford) y nos deja con la sensación de haber visto una gran película, de haber asistido al último cabalgar del jinete pálido, de oír el último giro del tambor del revólver de Will Munny en Sin perdón o de, incluso, encajar el último uppercut de la chica que valía un millón de dólares. Él, con su dirección y su interpretación, hacen que el gesto de los dedos parezca una pistola humeante en busca de una historia que sólo él sabe contar. Es el final. Es la última canción. Es la última bala disparada con la tranquilidad del mejor. Es fantástica.

César Bardés.

Esta noche, acompañamos al duro y gruñon Kowalski en su sentencia final,

José Miguel Moreno a la dirección, Gervi Navío, Isabel Moncada, y nuestro crítico de cine César Bardés.