La Gran Evasión

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miércoles, 18 de octubre de 2023

400 - French Connection. Contra el Imperio de la Droga - William Friedkin 1971

Thriller pionero en muchos aspectos, French Connection refundó el género.

La mirada documental de Friedkin y su operador Owen Roizman, con el grano gordo en la fotografía, y la labor del cameraman Ricky Bravo. Las calles de madrugada en el bajo Manhattan,  los tugurios malolientes de humo y tipos con los bolsillos cargados de estupefacientes, la persecución seminal en las calles de Brooklyn entre un Pontiac prestado por un tipo que pasaba por allí al inefable Popeye, y un tren elevado. Friedkin busca la acción con personajes directos y el juego entre el ratón y el gato de dos policías y un ladrón de guante blanco como Chanier, -excelente Fernando Rey- y su contacto y tapadera en New York Sal Boca -Tony Lo Bianco-. Escenas rodadas con tráfico real, Friedkin rodó sin storyboards buscando la espontaneidad, lo imprevisto.

Gene Hackman crea uno de sus mejores personajes,  Popeye, inspirado en el polizonte real Eddie Egan, de métodos poco ortodoxos, andares desgarbados, un  sombrero redondo y una obsesión malsana por su trabajo, y su colega Cloudy Russo, estupendo Roy Scheider, el policía más sosegado. 

Mediante la cámara al hombro, temblorosa, planos desenfocados, y también clasicismo de cine negro, Friedkin recrea el ritmo asmático. el aire viciado y el sudor de unos barrios, unas avenidas que no pegan ojo y retumban en los estertores del Hudson.  Popeye las conoce bien, ha hecho la  la ronda muchas veces por callejuelas y rincones en los que los soplones, los narcos de poca monta y las mujeres de alterne pululan, pasan frío y fuman con desesperación. Acaba de enterarse de la entrada de un cargamento de heroína importante,y tiene una corazonada. 

La secuencia de la persecución la filmaron con tráfico real, llegando a crear un atasco en medio de Brooklyn. Otro momento memorable, el desguace del deportivo de Deveraux, las tripas de un automóvil pueden esconder kilos de droga, y ese coche no estaba limpio, Popeye lo sabía. 

RG

Esta noche saludamos a Papa Noel, arreando ostias a un camello…

Zacarías Cotán, David Velázquez, Raúl Gallego y Salvador Limón

   

 


















domingo, 3 de febrero de 2019

212 - A la Caza - William Friedkin 1980

En los clubes de ambiente del East Village  de New York se citan hombres con chupas de cuero, el humo y la música a todo volumen los envuelve, el ritual nocturno de miradas y contactos se repite una vez más. El asesino anda suelto, los encuentros fugaces finalizan en sangre y las víctimas comparten rasgos, pelo negro, facciones marcadas. El jefe de policía (Paul Sorvino) busca un agente con ese aspecto para que se infiltre en ese submundo gay, debe ser el cebo, la próxima víctima, y a Steve Burns (Al Pacino) la misión le parece perfecta para subir en el escalafón, es un policía ambicioso.

Capitán Edelson: "¿Te la ha chupado alguna vez un hombre?"
Steve  Burns: "Un hombre? ¿Ja! No... "
Capitán Edelson: "¿Y tampoco te la han metido nunca..?"
Steve Burns: "Que cachondo es usted. Esto es una broma , ¿no?. "

Friedkin intentó escandalizar al personal y lo consiguió con Cruising, un documento impagable de la época entre finales de los setenta y principios de los ochenta, aquellos años de desfase y libertad anteriores a la irrupción del SIDA. Friedkin se obsesionó con la historia de un figurante que salía en su gran éxito El exorcista, el asistente del neurólogo que hacia pruebas a la niña poseída poco después apareció en los titulares de periódico, era un asesino en serie de gays que encontraba en los clubs de la noche neoyorquina.
Pacino leyó el guion y le gustó, después incluso la defendió contra las protestas y las acusaciones de homofobia afirmando que el submundo y los tugurios eran sólo una parte de la comunidad gay, la parte negativa. En este policiaco todas las relaciones tiene un toque de perversión, la clandestinidad de un garito y los encuentros sórdidos en el parque iluminado por las farolas. Un mundo ambiguo donde los policías quieren ser buscadores de sexo y los clientes se disfrazan de policías, la ambivalencia y la austeridad, la confusión de identidades, la delgada línea que separa al asesino del criminal. Pacino se afeita y se mira al espejo, ha probado la euforia del popper, la lujuria, el sudor y la grasa en los antebrazos, nuevas sensaciones. La evolución emocional de un tipo que indaga en la depravación , la expresión inocente pasa a ser enigmática. Ya nunca será el mismo.
                                                             
Raúl Gallego

Esta noche nos calzamos en pañuelo en el trasero y nos vamos de clubes por el East Village de New York…

Raúl Gallego, Fernando Rivas, Gervi Navío y nuestro crítico al teléfono, César Bardés.


Artículo sobre A la Caza, por César Bardés

 

 


Título original: Cruising
Duración: 106 min. Estados Unidos.
Director: William Friedkin
Guion: William Friedkin
Música: Jack Nitzche
Fotografía: James A Contner
Reparto: Al Pacino, Paul Sorvino, Karen Allen, Richard Cox, Joe Spinell, Don Scardino, Powers Boothe.
Productora: Lorimar / CiP - Europaische Treuhand AG
































jueves, 26 de enero de 2017

121 - El Exorcista - Friedkin 1973

El Exorcista superó el listón del género de terror en la década de los 70, la gente abarrotaba las salas, se corrió la voz, una niña poseída expulsaba sustancia verde por la boca, giraba la cabeza en un gesto infernal, blasfemaba, una ventana de pronto se abría violenta, las cortinas al viento, y los ojos sin fondo del demonio miraban a la cámara, buscaban a los desprevenidos espectadores en la butaca, la gente no había visto nada igual. Ya Polanski se había atrevido con La semilla del diablo algunos años antes, con una abatida Mia Farrow en el papel de madre de la bestia. William Friedkin fue más allá, leyó la fascinante novela de William Peter Blatty y tuvo el mérito de crear un ambiente enrarecido en aquella casa de Georgetown. Malas vibraciones en ese desván donde se escuchan ruidos extraños, la madre piensa que son ratas, esa cocina en la que el detective Kinderman toma café con Chris, y como no, esa habitación donde una niña se convierte en la encarnación del mismo diablo, los objetos se mueven, la cama da tumbos arriba y abajo. El estilo realista de Friedkin, los silencios, las conversaciones entre madre e hija, el sonido del teléfono que rompe la noche, las pisadas, los crujidos de los muebles, los exámenes clínicos. El crescendo de terror se aviva desde los dos primeros planos sesgados iniciales, la casa de pardos ladrillos, y una figura de la Virgen María en la Iglesia, los dos lugares donde irrumpirá el intruso. En la secuencia siguiente el padre Merrin descubre la estatua de su viejo enemigo en las excavaciones de Niniveh . La entidad que posee a Regan no tiene varias personalidades, tiene sólo una, y Merrin la conoce bien.
El Mal arde despacio en el corazón de un hombre asaltado por la culpa más profunda, se oculta ladino en cualquier parte, en el ojo vacío de un desconocido, en la pelea de dos perros en el desierto, en la súplica de un mendigo, en la habitación de una niña inocente que viene del colegio. La sugestión del exorcismo se alimenta de esos males. de una madre aterrada, de un sacerdote en crisis vital, y del enfrentamiento final entre el Padre Merrin y el diablo, el ritual sanador de la criatura que no recordará nada de lo que ocurrió en la casa de Georgetown.

Raúl Gallego.

Esta noche levitamos con nuestro nuevo camisón y nos curamos las pústulas con agua oxigenada…

A la dirección José Miguel Moreno, con Gervi Navío, Raúl Gallego y nuestro crítico desde Madrid César Bardés.


 Artículo sobre El Exorcista, por César Bardés



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