La Gran Evasión

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lunes, 31 de julio de 2023

396 - Ángeles sin Brillo - Douglas Sirk 1957

Vivir de feria en feria, volando en círculos con tal de conseguir el sustento, vivir de los premios de la miseria con un crío a cuestas. Son los años de la gran depresión en un lugar del suroeste, una mujer decepcionada y tenaz, un mecánico, y un piloto, antiguo héroe de la primera guerra mundial, con una pulsión adictiva, sus acrobacias aéreas le ofrecen la dosis de adrenalina.  A este trío se unirá otro tipo en los márgenes, un reportero alcohólico -genial Rock Hudson- atraído por esas gentes de otro planeta, extraterrestres, con aceite de motor en las venas en lugar de sangre. El periodista no cuida su trabajo, le da igual que lo despidan, y sin embargo ofrece su apartamento a esos gitanos del aire, gente que duerme en un hangar, no tienen donde caerse muertos. Devlin protege al crío sin escuela ni amigos, se enamora de una mujer en caída libre. Todos estamos enamorados de la sensual Dorothy Malone, es la Antonia del libro de que Rock Hudson le regala en su apartamento, la pureza rota de una campesina que se dejó llevar por un cartel publicitario, una estampa de un aviador surcando el cielo. Ella no sabía que ese tipo ya tenía novia, era un avión, sus flirteos son con la muerte.

El blanco y negro del cámara Irving Glassberg dibuja el tenebrismo de este relato de muerte y culpa. Douglas Sirk, célebre entre otras cosas por el color arrebatado de sus grandes melodramas, Escrito sobre el viento, Obsesión, Imitación a la vida…a estos ángeles les quita el lustre, están manchados de petróleo y lodo, del trauma de una existencia caótica. El remordimiento forma parte del alma de cada personaje. La derrota y la culpa vertebran el universo literario de William Faulkner, que en vida declaró que la versión de Sirk. con guion de Zuckerman, era la mejor película inspirada en una de sus novelas, en este caso “Pilón”, con la aviación de fondo, una de las pasiones de Faulkner.

En un flashback alucinante el piloto -el aguileño Robert Stack- se juega a los dados con su socio a su futura esposa, escribiendo con un lápiz los números sobre dos azucarillos. Tan volátil como un trozo de azúcar disuelto en un café, el héroe de guerra, ahora feriante, sabe desafiar a la muerte, se arrima a los pilones más que nadie, intrépido o suicida. En un montaje paralelo de categoría, el crío montado en el avión del tiovivo observa como su padre cae con su biplano sobre el agua. Shumann no quiso poner en peligro a nadie, solo faltaría, seguir viviendo con más culpa todavía.

Esta noche nos precipitamos al abismo en paracaídas… 

Salvador Limón, Zacarías Cotán y Raúl Gallego

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miércoles, 22 de noviembre de 2017

158 - Tiempo de amar, tiempo de morir - Douglas Sirk 1958

Tiempo de morir, tiempo de amar, tiempo de vivir. Douglas Sirk adaptaba para el cine en 1958 la novela del gran Erich Maria Remarque, titulada Un tiempo para vivir y un tiempo para morir, el maestro del melodrama persuadió a Remarque para cambiar el titulo y dar a la historia ese toque indefectible de emoción y amor. Sirk nos coloca en la piel de un soldado alemán que busca a sus padres en los estertores de la segunda guerra mundial, un soldado raso, gran actuación de John Gavin, que empieza a cuestionarse el papel del ejercito alemán en la guerra. En su búsqueda encontrará a Elizabeth, maravillosa Liselotte Pulver, como siempre el amor surgirá sin precipitarlo, la vida sigue entre las ruinas, entre las sirenas, los bombardeos, la escasez, la muerte y la paranoia nazi. Descomunal retrato de la guerra, con imágenes extraordinarias, aquí los muertos lloran, los cerezos brotan entre los restos de una explosión, las estaciones semi-derruidas cuentan miles de historias, los caballos arrastran un carruaje funerario por entre la desolación de una calle desierta…cuando eres consciente de amar, lo único que importa es ella. La destrucción material va unida a la destrucción interior, a la destrucción moral, lo deja bien claro la película. Sirk y Remarque ahondan en el corazón de los hombres, hombres sencillos, soldados de uno u otro país, que más da, civiles que lo han perdido todo, que son perseguidos por ser diferentes, por pensar diferente, los monstruos, los sádicos que envenenaron la juventud alemana con promesas de esplendor y basura supremacista, son unos pocos, o muchos, pero la mayoría del pueblo son simples hombres. Gran reflexión de Sirk, pero como en la vida, los finales felices escasean, en tiempo de Amar, tiempo de morir, hay que pagar un precio por participar en esa locura colectiva que fue la segunda guerra mundial, un alto precio. Ni el consejo de un viejo maestro sirve, ni el calor de una copa de vino, sólo el beso de tu amor, la promesa de un regreso, la satisfacción de verla protegida, aunque sea entre los rescoldos de nuestro propio corazón bombardeado.

Gervasio Navío Flores


Esta fría noche de noviembre, acurrucados entre las ruinas de la Torre de Radiopolis, vemos florecer a los cerezos quemados…..

Isabel Moncada, Gervi Navío, Raúl Gallego y nuestro crítico de cine César Bardés.


Artículo sobre Tiempo de amar, tiempo de morir por César Bardés