La Gran Evasión

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sábado, 22 de enero de 2022

353 - Esplendor en la Hierba - Elia Kazan 1961

 Aunque mis ojos ya no puedan ver ese puro destello,

que en mi juventud me deslumbraba.

Aunque ya nada pueda devolver

la hora del esplendor en la hierba, de la gloria en las flores,

no hay que afligirse.

Porque la belleza siempre subsiste en el recuerdo


Mientras quede un hálito de memoria, el paso del tiempo no borrará los mejores recuerdos, o eso aseguraba el poeta romántico William Wordsworth, en los versos que inspiran el doloroso romance dirigido por Elia Kazan. 

La represión sexual, el freno y la moral beata atenazan cada frase, cada gesto de dos jóvenes que se aman, un debutante Warren Beatty y una brillante Natalie Wood, de ojos grandes y nerviosos, ella es el esplendor en la hierba.  El agua desbocada, las corrientes que empujan a la chica atormentada a la cascada. La pareja se besa con pasión en el deportivo, no pueden traspasar unas líneas marcadas por el conservadurismo, el puritanismo más acérrimo de Kansas en los años de la Gran Depresión. Y para más inri, el dominante padre de Bud -un convincente Pat Hingle-  egocéntrico y vociferante, solo piensa en sus acciones y en que su hijo estudie en Yale, su futuro va unido al negocio familiar del petróleo, ha trazado cada paso de la vida del muchacho sin preguntarle su opinión. 

A Kazan siempre le obsesionaron las relaciones paternofiliales, tan latentes en “Al este del Edén”, “América, América” o “El compromiso”. Esa madre egoísta anula el idealismo y la ilusión de una adolescente que reza sus oraciones nocturnas junto a un tocador adornado con las fotos de su novio. Kazan, siempre desde su obsesión con Freud y el psicoanálisis, aborda temas interesantes, la capacidad de perdonar a unos mayores que no supieron hacerlo mejor, o no quisieron, la renuncia, la resignación, y de alguna manera la historia escrita por el dramaturgo William Inge nos toca la fibra, todos recordamos a una persona con la que pudo haber sido y no fue, por eso la expresión de ellos dos al final no se olvida nunca. En un final hermoso como pocos, los dos, frente a frente, ella, radiante, él, con su mono de trabajo y su mujer encinta , la ama de casa, esperando en la puerta. El viento mece las hojas de los árboles, no hacen falta las palabras para expresar un sentimiento tan intenso, demasiado profundo para provocar las lágrimas. Kazan comentaba que aunque Esplendor en la hierba no era su mejor película, el último rollo sí era su momento favorito.  

Raúl Gallego

Esta noche leemos los versos de Wordsworth en el aula del instituto…

Zacarías Cotán, Chari Medina, Salvador Limón y Raúl Gallego

DALE AL PLAY Y ESCUCHA EL PROGRAMA




















           Cuando oímos el título de esta película, se nos viene de inmediato el recuerdo del poema de William Wordsworth:

             “aunque ya nada pueda devolvernos la hora del esplendor en la hierba,

            de la gloria en las flores, no debemos afligirnos,

             porque la belleza subsiste en el recuerdo.”

            Y es que este poema es el instrumento en el que se apoya la historia principal, basada en una historia real del primer amor de dos jóvenes, que fue escrita magistralmente por el guionista Willian Inge, y que le valió el Oscar al mejor guion original- Dirigida por Elian Kazan en 1961. Ambos, hicieron una radiografía de la América provinciana, cargada de prejuicios e hipocresía, represiva y asfixiante, concretamente se desarrolla en Kansas, alrededor de 1929, justamente en la antesala y desarrollo de la gran depresión, mostrando las consecuencias más trágicas de la mayor crisis económica de la historia de América.

 La historia de amor la protagonizaron, una inmensa Nataly Wood ( en el papel de Denni Loomis ), actriz consagrada que empezó a hacer cine desde la infancia y Warren Beatty, (Bud Stamper ) con el que debutó en el cine, y por el que ascendió al estrellato de forma meteórica.  Esa historia de amor tan hermosa y pasional, pura e ingenua como solo puede ocurrir la primera vez, se ve limitada por esa sociedad represiva sexualmente, y por la intervención de unos progenitores dominantes que coartan completamente la libertad de sus hijos, sin importarles sus deseo e ilusiones.

Se reflejan dos modelos de familia, con los mismos efectos, uno la familia de Bud Stamper, que se vertebra alrededor de un padre dominante (Pat Hingle), nuevo rico por las explotaciones de petróleo, que maneja la vida de todos los miembros de la familia, con una madre que es literalmente un cero a la izquierda, una hija que reacciona con una conducta autodestructiva para escapar de esas opresivas reglas sociales de la época, y Bud, el hijo bueno, incapaz de desobedecer a su padre, que le impone ser el mejor deportista del instituto, el mejor estudiante y el que tiene que continuar el negocio familiar. Un hombre que cosifica a todas las personas considerando que puede comprar a quien quiera. La otra familia, la de Natalie Wood, en cambio, está dominada por una madre, que ante una aparente dulzura, le impone a su hija igualmente un destino, sin salirse del guion marcado por las reglas sociales y culturales, intentando hasta el final aleja a su hija de su gran amor, lo que le lleva a ésta a caer en una grave enfermedad.

            Una sociedad cuya represión sexual conduce a comportamientos de agresiones sexuales a modo de las hoy conocido desgraciadamente, como “manadas”, conductas violentas y machistas ejercidas contra la mujer, de una extraordinaria gravedad, planteadas por el director sin tapujos, y es que Elía Kazán, se especializó en películas de gran contenido dramático, en el que indaga en los comportamientos morales de la sociedad, en las contradicciones y paradojas de los seres humanos, sin dudar en tocar temas espinosos como la represión sexual de la época. teniendo la habilidad de sacar de sus actores y actrices una actuación sobresaliente, aplicando el sistema de Stanislavski, con el que alcanzó éxitos en el teatro, que fueron sus inicios profesionales, en una también memorable “ Un tranvía llamado deseo”, la adaptación de la obra de Tennessee Williams que luego llevó al cine. No obstante, su brillante carrera se vio ennegrecida por el oscuro episodio del macartismo (entre 1950-1956), en el que se le consideró un delator de sus compañeros en aquella lamentable caza de brujas.

          Volviendo a la película, sigue siendo una de las imprescindibles de la historia del cine, en el que el poema se recita dos veces, una en la primera mitad de la película antes de que Natalie estalle rota y neurótica ante la imposibilidad de vivir en plenitud su obsesión amorosa, para cumplir con los cánones sociales impuestos. y otra. al final de la película, con un sentido completamente distinto en el que el poema se queda como una oda al primer amor adolescente que no conoce de épocas ni de sociedades, y que se queda grabado en nuestro más íntimo rincón, al que acudimos para saborear la belleza inmortal de aquel amor por el que suspiramos, que pudo ser y que no fue pero que ya nada puede empañar.

Rosario Medina





 





 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


domingo, 30 de septiembre de 2018

196 - La Ley del Silencio - Elia Kazan 1954

La disyuntiva de un tipo atrapado en los muelles de Hoboken. El frío del Hudson le cala hasta los huesos las mañanas de invierno en el puerto, los matones del capo Friendly espían cada uno de sus movimientos, (un Lee J Cobbs con cara de pocos amigos), el padre de la chica que ama le desprecia por lo que es, y dos sabuesos le pisan los talones para entregarle la citación, a Terry Malloy siempre terminan arruinándole el baile. Debe actuar, enfrentarse a su cobardía. El chico de los recados de la banda mafiosa que controla todo lo que se menea en el muelle, no es fácil ser un protegido y al mismo tiempo sentirse un inútil, un vago sin oficio conocido, pudo haber triunfado en el ring y le ordenaron perder, una vez más.
Terry lucha con su culpa por haber contribuido al asesinato del hermano de Edie (debutaba en la pantalla grande Eva Marie Saint). Edie es la moral del film, así como el sacerdote (Karl Malden) representa la consciencia. Ella motiva al ex-boxeador a seguir hacia adelante, a arriesgarlo todo, a vencer el remordimiento, escapar de la jaula de una vez por todas. La chica del barrio que conoce desde que llevaba trenzas sigue manteniendo ese aire asustado, su expresión no ha cambiado, huidiza y humilde como las palomas de la azotea donde se encuentran cada tarde.
Elia Kazan nunca se arrepintió, con orgullo de inmigrante hecho a sí mismo siempre reconoció que volvería a hacerlo, que volvería a quedarse afónico ante el Comité de Actividades Antinorteamericanas, dando nombres de antiguos compañeros en el Partido Comunista. Terry va a romper la ley del silencio. Se siente mal con todos y consigo mismo, algo parecido debía sentir el director de ascendencia griega que se llevó una vida fingiendo y se sintió un outsider en todos los lugares que vivió, la infamia nunca duerme, espera al otro lado de la puerta para darte las buenas noches.
El trabajado guion, mano a mano con Budd Schulberg, inspirado en un proyecto inicial de Arthur Miller el trabajo de cámara del técnico Boris Kauffman con localizaciones reales, el vigor del montaje, y sobretodo el impresionante Marlon Brando, con su pelliza de cuadros y sus rasgos marcados se convocan para este testimonio de una época, obra maestra que se sostiene imperturbable en las arenas movedizas de la delación y el arte.

Raúl Gallego

Con el rostro ensangrentado esperamos el primer cargamento del día los estibadores de Radiopolis...

José Miguel Moreno, Gervi Navío, Raúl Gallego y César Bardés.

Artículo sobre La ley del silencio, por César Bardés


















En 1954, Kazan escupía al mundo su particular visión de la oscura época del inefable Senador McCarthy y su caza de brujas en Hollywood, con esta maravillosa historia, repleta de lirismo y metáforas deslumbrantes. Pero es algo más que un ajuste de cuentas, la Delación, la Moral y la Ética, esos valores que conforman lo que somos, y con los que hay que vivir cuando los mancillas, son La Ley del Silencio, quizás un profundo intento de Redención. Elia Kazan vuelca todo su talento en esta historia, si nos quitamos la venda de los ojos para no intentar juzgar los actos de Kazan con sus compañeros del partido comunista, fuera de todo eso, queda una película extraordinaria, una absoluta obra maestra.

La ley de Silencio es una gran reflexión sobre la injusticia, la cobardía y la libertad que, como bien sabemos, empieza en el individuo, uno sólo puede cambiar el mundo, si cambia primero, el suyo propio, y ese acto individual es el que afronta Terry (Marlon Brando), con la Religión y los movimientos mafiosos de los Sindicatos como antagonistas, y con el Capital flotando por ahí…La conciencia y sobre todo el Amor, que es la espoleta que desata la denuncia…

La historia detalla como el temor atenaza a una comunidad, que acepta las injusticias y los métodos canallescos de un líder "sindical", rebelarse ante el miedo es una de las reflexiones de Kazan, las alegorías con los palomares y los tejados de ese barrio de humildes obreros son muy hermosas. La película es un retrato del fracaso, de la frustración, de las injusticias, y la aparición del amor, como mecha que prende el interior de Terry….la conciencia es el único juez inflexible, el mayor de los castigos siempre lo imparte... tu propia conciencia, siempre.
El amor te hace cambiar, o querer cambiar.

Para la historia quedan las interpretaciones de Marlon Brando y Eva Marie Saint, Terry y Marie, la promesa de un futuro, el papel del sacerdote, Karl Malden, el padre Berrie que también debe recibir su castigo y sufrir para convertirse en un verdadero pastor, la figura de Rod Steiger, Billy, el hermano de Terry, que toma conciencia del daño que ha causado a su hermano pequeño, el cine cambió en un taxi, con la conversación entre estos dos actores de antología…

La vida es Gris, casi nada es blanco o negro, hay infinidad de matices grises y eso lo capta la fotografía de Boris Kaufman, su lente refleja la verdad de los muelles de una gran ciudad, puede ser Nueva York, New Jersey o cualquier ciudad americana de la década, esos bajos fondos son auténticos, y esos rostros son auténticos…reales.

La banda sonora es nada menos que de Leonard Bernstein, su única partitura compuesta especialmente para el cine, una sinfonía extraordinaria que ya siempre irá ligada a nuestra memoria colectiva, a Terry, a Marie, al padre Berry, a Billy….a un puñado de estibadores luchando por un trabajo digno...

Gervasio Navío Flores.