La Gran Evasión

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miércoles, 22 de noviembre de 2017

158 - Tiempo de amar, tiempo de morir 1958
























Tiempo de morir, tiempo de amar, tiempo de vivir. Douglas Sirk adaptaba para el cine en 1958 la novela del gran Erich Maria Remarque, titulada Un tiempo para vivir y un tiempo para morir, el maestro del melodrama persuadió a Remarque para cambiar el titulo y dar a la historia ese toque indefectible de emoción y amor. Sirk nos coloca en la piel de un soldado alemán que busca a sus padres en los estertores de la segunda guerra mundial, un soldado raso, gran actuación de John Gavin, que empieza a cuestionarse el papel del ejercito alemán en la guerra. En su búsqueda encontrará a Elizabeth, maravillosa Liselotte Pulver, como siempre el amor surgirá sin precipitarlo, la vida sigue entre las ruinas, entre las sirenas, los bombardeos, la escasez, la muerte y la paranoia nazi. Descomunal retrato de la guerra, con imágenes extraordinarias, aquí los muertos lloran, los cerezos brotan entre los restos de una explosión, las estaciones semi-derruidas cuentan miles de historias, los caballos arrastran un carruaje funerario por entre la desolación de una calle desierta…cuando eres consciente de amar, lo único que importa es ella. La destrucción material va unida a la destrucción interior, a la destrucción moral, lo deja bien claro la película. Sirk y Remarque ahondan en el corazón de los hombres, hombres sencillos, soldados de uno u otro país, que más da, civiles que lo han perdido todo, que son perseguidos por ser diferentes, por pensar diferente, los monstruos, los sádicos que envenenaron la juventud alemana con promesas de esplendor y basura supremacista, son unos pocos, o muchos, pero la mayoría del pueblo son simples hombres. Gran reflexión de Sirk, pero como en la vida, los finales felices escasean, en tiempo de Amar, tiempo de morir, hay que pagar un precio por participar en esa locura colectiva que fue la segunda guerra mundial, un alto precio. Ni el consejo de un viejo maestro sirve, ni el calor de una copa de vino, sólo el beso de tu amor, la promesa de un regreso, la satisfacción de verla protegida, aunque sea entre los rescoldos de nuestro propio corazón bombardeado.

Gervasio Navío Flores


Esta fría noche de noviembre, acurrucados entre las ruinas de la Torre de Radiopolis, vemos florecer a los cerezos quemados…..

Isabel Moncada, Gervi Navío, Raúl Gallego y nuestro crítico de cine César Bardés.


Artículo sobre Tiempo de amar, tiempo de morir por César Bardés


 


 

viernes, 17 de noviembre de 2017

157 - El Viento y el León 1975
























“Como el león, yo debo estar en mi lugar, mientras que usted,
como el viento, nunca sabrá cuál es el suyo.”

John Milius abordaba en 1975 la épica y el romanticismo de las viejas historias. Escribe y dirige El Viento y el León, su visión del mundo, de los hombres, de la guerra, del amor, cargada del aroma literario de Kipling, de Conrad, apoyado en el magnifico libro de Rosita Forbes, “El Raisuni, Sultán de las montañas”. Utiliza un incidente real (el secuestro del señor Pedecaris) para hablarnos desde los ojos fascinados de un niño. El Raisuli rapta a Eden y a sus hijos con la intención de provocar una guerra civil que, a su modo de ver, salvaría a su gente del imperialismo europeo. Sean Connery encarna a este héroe idealizado que se enfrenta al mundo con un sable y viejos códigos morales, mitad Robin Hood, mitad caudillo feudal, su presa es una valerosa americana, la Señora Pedecaris, una Candice Bergen hermosa, decidida, fuerte y testaruda, con sus dos hijos. William, el chico, representa al propio director, a los propios espectadores, amantes de la literatura y las aventuras románticas. A la vez, Milius nos enseña la otra cara del mundo, la civilización entre comillas, el poder de Estados Unidos y su presidente, grandísima la interpretación de Brian Keith para recrear a Roosevelt, y los tejemanejes de la política internacional, con un secretario de estado impagable, John Huston,  ahí queda clara la frase que define la película y la forma de ser de estos tipos, ese Viento que encarna la turbiedad del entramado político que conllevan las decisiones bélicas y el León, majestuoso, que defiende su territorio, su pueblo...con ferocidad y con nobleza.

Rodada íntegramente en España, con un trabajo extraordinario en el diseño de Producción de nuestro Gil Parrondo, nos adentramos en los parajes míticos de la aventura, claramente inspirados en David Lean y su Lawrence de Arabia, o la fiereza en las escenas de acción de Aldrich y del maestro Kurosawa, lo cielos Fordianos que siempre acogen a estos hombres fuera del tiempo.
La excelente banda sonora de Goldsmith regala momentos de romanticismo sobrecogedores, una autentica delicia esta incursión en el Marruecos de principio de siglo, con absoluto respeto por el Islam y la gigantesca figura de:

Muley Ahmed ibn Muhammad ibn Abdallah al-Raisuli,
Raisuli el Magnifico, Señor del Rif, Sultán de los Bereberes…

Gervasio Navío Flores.

Cercenamos lenguas infieles y cortamos cabezas desleales, esta noche de noviembre, parapetados en la torre de Radiopolis...

Jose Miguel Moreno, Raul Gallego, Gervi Navío y en la lejanía, una figura recortada sobre la montaña, empuñando el sable del cine a dos manos, nuestro critico, César Bardés.


 
Artículo sobre El viento y el león por César Bardés


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viernes, 3 de noviembre de 2017

156 - Queridísimos Verdugos 1977

























Uno recuerda a Patino en Sevilla en una clase de grados para universitarios, con la presencia de Carlos F. Heredero, analizando un falso documental que él presentaba. Parecia un niño, y lo siguio siendo siempre, cuando daba gracias inmensas por poder seguir haciendo cine. Él, que habia estado tan maltratado por la censura. Le brillaban los ojos, y reia, con el convencimiento escondido del que se sabe elegido, afortunado, mientras otros ya caidos ahondaban en el fracaso, o el olvido sin remision ni escape. Toda una vida dedicada al cine, al tiempo, a la mirada provocadora y sincera que lo ausculta todo, paso a paso, tentando una pasion que recorre por dentro como una brasa, una llama que sabe a que jugar y se documenta. En "Queridisimos verdugos" da lugar muy limpiamente, sin juicios ni ambages, a la muestra cariacontecida y ordinaria de un mal muy infernal, inquietante, de una disciplina actoral y de etiquetas, respuestas y magras disculpas, mientras enseña toda lo que hay. 
Lo demás, un conjunto de infelices, con o sin parentelas, que cantan, lloran o matan a su manera, pasan sus vidas dando la espalda, como en el garrote, como si no hubieran tenido otra eleccion.

José Miguel Moreno

Esta noche asistimos aterrados al último estertor del último ajusticiado...

José Miguel Moreno, Manuel Broullon, Gervi Navío y Raúl Gallego.


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El bueno, el feo y el malo -Sergio Leone- 1966

























Un pistolero a sueldo (Lee Van Cleef) cruza su destino con dos truhanes mal avenidos (Clint Eastwood y Eli Wallach) en la búsqueda de una tesoro repleto de dólares, escondido en un lugar secreto.  Esta sociedad, desconfiada y mugrienta se ve abocada a una obligada convivencia. La idolatría que Leone profesaba al Western aparece por fin con suficientes medios para hacer un gran espectáculo; el limitado Van Cleef se autoreferencia, juguetón y suelto con un pausado Eastwood, que lo observa y controla todo, y un excepcional Wallach, el mejor de los tres, que pone la carne de gallina con su escena filial. La habitual pulcritud del director, detallista hasta el extremo, le hizo tener enfrentamiento con los actores, quienes sin embargo en un conjunto muy armonioso, realizaron un fresco alegre y desgarrado de un Oeste sin futuro. Y en ese punto se acopla “El Ritmo”, con la ayuda de otro italiano, Ennio Morricone. El film consigue un collage de tonos, colores y balas, un estallido orquestal, de inspiración mediterránea, que siempre tiene un sentido febril e incógnito, de dulzura, de tristeza , que el espectador abrumado habrá de ir descubriendo
La maravillosa escena final, poblada de miradas de sangre con ojos en primerísimos planos, furias y guitarras tremendas de muerte, como una negrísima pintura goyesca, construye el duelo a tres más famoso, y doliente, de la historia del cine. Heredera de los primigenios cómics y novelitas del  Far West, donde ya no se habla, porque el lenguaje se ha vuelto arrogante, peor aún, infecto, lleno de una falaz cordura que diría Haneke, y que mata con balas el alma. Pero aquí está este disfrute, este acento disconforme y moral, una apuesta formal que advierte y aconseja de una muerte entregada a la sombra y ritmo del mito, del mito que es nuestro y acompaña, aún en su sombra.

José Miguel Moreno

sábado, 28 de octubre de 2017

La muerte tenía un precio -Sergio Leone- 1965

























Dos cazarrecompensas, solitarios y parcos, (Eastwood y Van Cleef) ven sus destinos unidos para dar alcance  al fiero Indio ( Volontè) un sanguinario atracador de bancos recién fugado y toda su banda de desalmados. Una curiosa e inestable sociedad, que ninguno habría imaginado, los llevará por la misma senda. 
Tras el enorme éxito de “Por un Puñado de Dólares”( 1964), esta segunda y mejor entrega de la trilogía, que superaba en metraje y presupuesto a su predecesora, cautivó a toda Europa, y asentó las bases de un subgénero que reflotó al moribundo Western clásico, dándole una mirada más acordes a los nuevos tiempos. Su director, Sergio Leone, un iconoclasta y adelantado realizador proveniente del Péplum y el neorrealismo, sensible al mutismo, violento y reposado del maestro Kurosawa, supo ver en estas sencillas historias un reflejo más real de la sociedad que alumbraba. Tras los magnicidios y guerras, fracasos ideológicos o amatorias sesenteras, que llevaron al individuo a un oscuro, cínico y traumático despertar a la sociedad moderna, el cine de este italiano sustituyó la palabra por la guitarra punzante, las miradas por los encuentros y un falseado convivir por la aridez de las relaciones . Toda una añoranza mitológica, elegíaca, de unos hombres perdidos.
El cómic, las novelistas del oeste y el realismo emocionante  y vital de una época, con la la magistral y excéntrica música del genial Morricone, con tonos protagonista e individualizados, crearon un ambiente brumoso y fiero: el Spaghetti Wéstern. Todo ello puesto al servicio de un tipo alto, desgarbado y seco que tras estas películas enterraría para siempre su pulcro y anodino personaje de “ Rawhide” dando nacimiento a un mito, el inicio de un paradigma, solitario y aventurero, abocado y hermoso que ya no cabalgará más como en los viejos tiempos. Desde Infierno de Cobardes ( 1972 )hasta Sully( 2016 ), trasunto del propio Eastwood, lo políticamente correcto será infringido en pos de un nuevo héroe contemporáneo, tan necesario como el Wayne fordiano, con valores y procedimientos antiguos, mal que le pesase a la Sra Paulina Kael, la famosa crítica del New Yorker, que en su momento lo tildó de “ inmoral y fascista”. Todo esto está aún por llegar pero la moneda ya ha sido lanzada...y aún sigue.

José Miguel Moreno

jueves, 26 de octubre de 2017

155 - Happiness 1998
























La felicidad siempre tan lejos, la felicidad se escapa entre los dedos por mucho que escuches música, cenes en familia, te enamores, o comentes los detalles del día en aparente armonía. La calma no garantiza la bondad, la frialdad distante de un psiquiatra, la ignorancia de una ama de casa, ajena a los traumas y el bochorno infantil al otro lado de la persiana.
Happiness es controvertida, tremebunda, aborda inquietantes  aberrantes tabús . Los suburbios encierran  secretos, los apartamentos albergan gente frustrada, miradas esquivas de vecinos que reprimen la violencia diaria, la sofocante frustración contemporánea. Difícil, fascinante también, ir más allá de lo tenebroso del alma humana, escarbar en el patetismo del individuo, preguntarse que puede llevar a un tipo en apariencia ejemplar a la vileza más abyecta. Mirar debajo de la alfombra y encontrar la suciedad, la agresión, la obsesión malsana. Aquí no hay alegría, no hay comedia, hablamos de una tragedia colorista, aunque todo termine en una nueva reunión familiar de personas solas, con perro incluido, y niño por fin satisfecho. Un estupendo reparto coral de personajes con vidas entrelazadas, tres hermanas aisladas en el vaivén de día a día, en el contrapunto de la existencia, en el envoltorio roto de un pescado podrido, porque no todo se soluciona con regar el césped cada tarde. 

Raúl Gallego.

Tocamos la guitarra y cantamos con Joy, en nuestra alcoba de Radiopolis…

José Miguel Moreno, Manuel Broullon, y Raúl Gallego.


Artículo sobre Happiness, por César Bardés


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sábado, 21 de octubre de 2017

154 - Chinatown 1974



























Chinatown, la obra maestra de Polanski, en 1974 el genio polaco nos atrapaba con su visión, con su homenaje al cine negro clásico, a la literatura negra, a esos detectives que husmean en asuntos turbios jugándose las narices. Chinatown es una obra desoladora, una película con el alma negra, perversa como Polanski, sombría como la luz de Alonzo, inquietante como la sonrisa de Jack Nicholson, cavernosa y oscura como la voz de John Huston y hermosa, irresistible y peligrosa como Faye Dunaway...Robert Towne hace un trabajo de guión perfecto, un minucioso engranaje que nos mantiene atentos, clavados en la butaca, siguiendo al señor Gittes por los Ángeles, nos convertimos en su mirada, enorme acierto de Polanski, estar tan desconcertados como él, descubrimos lo que él descubre, y recibimos los mismos golpes, nos quedamos igual de conmocionados.
Chinatown, un estudio sobre el poder, los canallas que disfrutan de sus vidas de lujo a costa de especular, de comprar y vender conciencias. La hipocresía del sueño americano sale a flote, como las inmundicias, es una crónica fabulosa, realizada con un dominio y un conocimiento del cine exquisitos, el personaje de Nicholson, J.J. Gittes, ese detective insensible y cínico no es más que un redomado romántico, otro de tantos. El amor de Cross por su hija nos deja helados, la ciudad de los Ángeles en pleno años treinta es la testigo de la vileza de los hombres....un aroma a literatura y cine, (Chandler, Hammett, Thompson, Cain....Hawks, Bogart, Lang)….esa niebla nos envuelve al terminar la historia, te deja tan aturdido como la banda sonora de Jerry Goldsmith, que ahonda en esa melancolía, una trompeta delicada y elegante recorre ese mundo lleno de riqueza material, pero dónde las personas, el amor, no cuenta, un mundo con la sombra del destino al acecho, la presencia constante del pasado, ese pasado que nos persigue, que no podemos olvidar, como Gittes, como Cross, como la señora Mulwray….en fin, Chinatown es una obra maestra llena de amargura y extremadamente bella.
Todo un clásico del cine negro moderno, todo un drama psicológico, oscuro y misterioso, tragedia, traición, corrupción, sordidez, muerte, el amor queda justo en medio. La película fue un gran triunfo para Roman Polanski, quizás el más grande de su carrera, pero sin el productor, Robert Evans no tendríamos Chinatown tal y como la conocemos.
La banda sonora de Jerry Goldsmith es sensible, triste y amarga como la película. La mirada de Polanski es también amarga, desoladora y sombría aunque estemos bajo el sol de los Ángeles, nos muestra cosas horribles expuestas con una belleza extrema, esa es una de sus virtudes, sabe destapar lo más terrible del alma humana, a través de imágenes hermosas, aquí viajamos a ese infierno, una tierra sin agua, sin sentimientos...una bofetada de ponzoñoso amor.

Desde la desértica torre de Radiopolis husmeamos en los trapos sucios de la ciudad, intentamos que la corrupción no compre el futuro, aunque el barrio chino lo engulle todo y el pasado nuca, nunca se olvida, no se puede escapar de él...
José  Miguel Moreno, Isabel Moncada, Raúl Gallego, Gervi Navío y con las narices hinchadas de cine, nuestro crítico, César Bardés.

Gervasio Navío Flores.


Artículo sobre Chinatown, por César Bardés


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viernes, 13 de octubre de 2017

153 - Los Viajes de Sullivan 1941




Preston Sturges, en 1941, entregaba al mundo su homenaje al cine, un canto al ser humano, una fábula dónde deja bien claro lo importante que es  la risa ...una auténtica maravilla: Los viajes de Sullivan. Sturges tenía que contar esta historia, poniendo de manifiesto la trascendencia y la relevancia del humor,  aportar su granito de arena, tal vez para acallar su conciencia por vivir bien en los malos tiempos, como el protagonista, Sullivan....
El cine como esperanza. Sturges es un maestro en la comedia, un innovador y hace una película divertida, el comienzo con el gag del autobús es delirante, puro cine mudo, Slapstick, hay comedia romántica, melodrama, documento y denuncia social.....  luego se oscurece bastante, cuando vemos la realidad de la gran depresión, planos de los ferrocarriles y las colas de vagabundos.
Los viajes de Sullivan es, ingeniosa, alocada, frenética por momentos, mordaz y punzante en otros, emotiva y reflexiva, porque tiene moraleja como toda vieja fábula, siempre con el maestro Capra presente y Lubitsh, las referencias son importantísimas, la fe en los hombres del gran Capra y la sátira y la ironía del ácido Lubitsh. La película te hace reír y de fondo te muestra otra visión del mundo, de eso se trata, eso es el cine, evasión.....magia, diversión y a la vez, la suspensión de las penalidades diarias, de las cuitas de la realidad....al menos por un par de horas, en la sala viajas a otras vidas, a otros mundos, descansando un poco del tuyo y enriqueciéndote en el proceso. 
Joel McCrea esta perfecto como Sullivan, su conclusión de que rodar comedias mientras el país atraviesa la Gran Depresión es una frivolidad, es fabulosa, sus vicisitudes devienen en que no se puede forzar una experiencia vital, tomada sin riesgo, como un juego, con una vida cómoda a la que regresar cuando acabe el experimento, esa reflexión es brillante. El personaje de Veronica Lake, que está preciosa, es muy interesante también, parte de la parodia de la típica aspirante a estrella que es capaz de todo para triunfar, pero vemos que sus motivaciones van derivando poco a poco en el amor, en la felicidad de compartir una vida con alguien......sin más.

Concluimos con la frase inicial de la película para cerrar el círculo:
“A la memoria de todos los que nos han hecho reír: saltimbanquis, payasos, bufones de todas las épocas y naciones, cuyos esfuerzos han aliviado nuestras preocupaciones”. 

Gracias infinitas a Preston Sturges.

Con nuestro hatillo al hombro, cargado de carcajadas y cine, caminamos por los arrabales de la ciudad.....José Miguel Moreno, Diego Contreras, Manuel Broullón, Gervi Navío y en un barracón de castigo, encadenado al séptimo arte.....nuestro crítico, César Bardés.

Gervasio Navío Flores.


Artículo sobre Los viajes de Sullivan, por César Bardés


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