La Gran Evasión

La Gran Evasión

sábado, 22 de septiembre de 2018

195 - Huevos de Oro 1993


























Alegoría social en torno a la especulación salvaje de los noventa, la pérdida de la virilidad y el crepúsculo de un hedonista. De un listillo ibérico al que todas traicionan. De un Benito que por el amor de una mujer jugó con fuego sin saber que era él quien se quemaba,y que lo canta muy a pecho, un  Julio Iglesias burdo, con barretina y chaquetilla de leopardo.. Un personaje que asciende en el mundo de la construcción a base de artimañas, que quiere triunfar a toda costa, el hortera quiere tener dos roles de oro, dos coches de alto standing, dos mujeres.
Voyeur Bigas Luna, constructor de planos magníficos, mentor de un Bardem espléndido ya en Jamón, Jamón. La gallina de los huevos de oro, la avaricia rompe el saco, el melodrama está servido cuando las torres que deben subir como pollas se hacen añicos como botijos arrojados desde la azotea. La simbología de su admirado Dalí ocupa cada secuencia del metraje, bogavantes con tenazas atadas, mujeres desmesuradas bailando sobre la paella, cajones pintados en cuerpos de Venus, marionetas de guiñol con los huevos de oro, que retan con chulería al objetivo y despreciables se agarran la entrepierna, de caniches ridículos y soldados con petate a cuestas.
Benito se inicia en la lejana Melilla donde acaso la ilusión de la primera juventud se quedó en una playa africana, pelotazo urbanístico en un Benidorm kitsch en que el personaje asciende a trompicones, vendiendo a su amante Claudia (Maribel Verdú), imitando sin clase a un socio triunfador, (el actor Ángel de Andrés López),  y su declive, su distanciamiento del entorno, su impotencia, en un Miami de café aguado y jardinero lascivo, de manos de una portorriqueña que le hace probar su propia medicina.
Luna nos manipula, nos lleva a su  parcela, excesivo, libre, visionario, la hormigonera-hormiguero, la burbuja del ladrillo, las moscas mediterráneas, el turron de Alicante, el españolito en estado permanente de mala leche, comedor de garbanzos, de carajillo, karaoke y barbacoa.

Raúl Gallego

Nos vamos de mariscada por la costa de levante esta noche en Radiopolis….

José Miguel Moreno presenta, Manuel Broullón, Paco Vallecillo y Raúl Gallego.

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“Donde está mi luna” dice Lorca, por boca de un Andy García irresistible, antes de morir en la cuneta, asesinado, y recubierto de una tierra de España (Muerte en Granada, 1996 Marcos Zurinaga). Y dice Benito, un Bardem conocedor de Brian De Palma, recubierto de gloria, que va a tener de a dos, a pares, completos, intercambiables, para que no falte de nada. Sigue la vida. Esa mirada turbia, cuando le devuelven, en bandeja de especias muy sazonadas, garbanzos fríos y humor de la tierra, la arcilla negra, sollozante, de hembra montada a la grupa, paralela a la infamia de Antonio Dechent vendiendo a su hija, (A puerta fría”, 2012 Xavi Puebla). Y es la misma tierra, que cubre los muertos, acompaña a los vivos y aroma las puestas, de números suicidas. Un poco más, todavía otra lista, justo la cima que merece una chica.
Pocas veces dos cosas se han contado tan fuerte que no admiten bromas, ni siquiera con métrica. Habla alto Bigas Luna, aflora un nosotros de la mano de un cine maltrecho y pendón con ráfagas de envidia, espejo goyesco de una España reprimida. La castración dio excesos que no se disfrutan y Bigas rompe en mil disfrutando la vida, primero la suya, plagada de miradas nobles que rebosan corridas, después lo abyecto, en traiciones al hombre y al padre, y al hijo, y a todo aquello que signifique mirar. “Ahora pienso”, ya pinté mis recuadros y desboqué mi salida y miro engolado con la salsa del gusto, que no sabe mal, porque no sabe a firma. Y ¿qué miras?, no se, algo pasará, no importa. Lo cuenta el catalán, hombre cabal y ético, la radio mil veces partida en trocitos de enchufe, cantando asilvestrado con la pizarra y la tiza. Un cine de apego pasoliniano. Porque no lo ha querido, vino de fuera con la imagen cruzada de los pechos en tinta. ¡Dónde están mis pechos!, que yo quería, volaron, corriendo al verme, deprisa, y soplo aletargado buscando también mi luna.

José Miguel Moreno

domingo, 16 de septiembre de 2018

194 - No Matarás 1988

























Sentado en la parada se piensan muchas cosas. Son las once y no estoy muy seguro de que pase alguno más, el último de los autobuses lo anuncia el cartel de la cristalera, y da lo mismo porque el mío es otro,  y el último sale dentro de cinco minutos, dice la aplicación, yo espero que así sea. Pero el seto, el islote muy cuidado de la mediana, con su palmera y flores recortadas que simulan un bosquecillo, llama mi atención. Me fijo en él, sin mirarlo y como en un cuadro de Ozu, a través suyo viaja mi alma; no hay que esperar mucho, unos segundos solo, y en ese tiempo perdido, y no deseado, aparece la vida. Resplandeciente y clara, con tanta fuerza y suavidad, que ni siquiera noto que una leve brisa ahuyenta el tiempo, moviendo las ramas de un sufrimiento que espanta. Todo un espacio de duelo melancólico y aturdido inspira a la cámara.
Y es entonces cuando obro el milagro, no querer ni desear nada, y blanquecinos colores turbios crean lo trascendente. Conforme avanzaba el 27, que cargaba muchachas a su paso, se iba asentado el mundo en un lienzo puro que se contoneaba como una mujer desnuda, nerviosa, sedienta de hombres que la cortejaran. Una realidad muy fuerte debió golpear a Kieslowski antes de tomar la cámara, y no la ha olvidado. Corrió durante toda su vida, como Pacino en Carlitos’way, hasta perder todas sus fuerzas. Desde el documental objetivo, hasta la emoción metafísica que ofrecía personajes-sujeto a merced de sus destinos traumáticos. Y entonces después de todo el sufrimiento alcanzaban un saber que lo impulsaba a la vida. No como seres nuevos, sino como una especie de hijos pródigos que eligiesen su propia vuelta a casa, tras un oráculo de sombras, a una casa pequeña, desvencijada, con un alfombra vieja que pusiera calma.
Un amor enorme rezuma en sus películas, una esperanza en el hombre, y una receta que es punto de partida. No saber, no creer en la eufórica conciencia de nuestra certeza, que demasiadas veces se torna maleza orgullosa de la injuria, matando hombres con pereza.

José Miguel Moreno Bautista.

Esta noche paseamos entre bloques grises y cielos sepia....

José Miguel Moreno, Raúl Gallego, Paco Vallecillo, Manuel Broullón y el crítico de cine Oti Rodríguez Marchante.


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A finales de los ochenta el polaco Kieslowski nos presentaba una serie de dilemas morales, de almas soñadoras, de gente que se busca y pasa de largo, de cielos nublados, de bloques grises, hileras de edificios monocordes, portales despintados y buzones cerrados. Con la colaboración de su guionista Piesewickz y las bellas partituras de Zbigniew Preisner, No matarás fue uno de los dos largometrajes extraído del decálogo, los diez filmes inspirados en los mandamientos, que Kieslowski rodó para la televisión polaca.
Un gato ahorcado por niños, la maldad del individuo ante el colectivo. Esta película encierra mucho más que el mero alegato contra la pena de muerte. Jacek ya solo puede asirse a la cuerda suicida, no es tan fácil asesinar a un hombre, menos mirarle a los ojos cuando ruega por su vida, y la secuencia del crimen se alarga hasta límites insoportables. Un taxista desagradable, un joven sociópata, un abogado ilusionado, el mediocre, el desesperado, el idealista, cruzan sus existencias para siempre. El azar es caprichoso. Conducir cada día un taxi, una rutina despreocupada, dejar en tierra a los clientes que a uno le parezca, y recoger precisamente a un chico de mirada huidiza y gesto huraño.
El abogado, el lado noble de la sociedad, el que quiere servir al estado, cree en la justicia. Cuando acude a ver a su defendido a la celda antes de que lo ajusticien, un conocido le pregunta por su hijo recién nacido, como si nada ocurriera. Y una niña recordada, una fotografía en blanco y negro de contornos gastados, adivinada en el retrato del pintor ambulante, en el pastel devorado por un lobo acorralado, en la ternura fugaz reflejada en un vidrio, de pronto se ensucia todo, la sangre se derrama y la noche cae sin compasión.

Raúl Gallego



domingo, 9 de septiembre de 2018

193 - Valhalla Rising 2009

























El Valhalla, gobernado por Odín, el destino final de los elegidos, las Valkirias los guiarán en su merecido descanso, y serán adiestrados para obtener la purificación final. One-Eye mantiene el rictus sereno, no teme a la muerte, por eso vence a sus contricantes incluso atado a un poste, porque el odio lo guía, un odio forjado cada día, cada noche de encierro. El esclavo tuerto sobrevive y su silencio avisa de que su cautiverio está próximo a finalizar, el jefe del clan pagano lo observa a través de los maderos de su jaula. "¿Quién es? De dónde viene?" El niño, su voz, camina al principio detrás de él, a una distancia prudente. "Viene del infierno, del otro lado del océano".
Una niebla densa se cierne sobre las colinas inhóspitas, anochece, se puede sentir el frío que atenaza, la efigie sucia de sangre seca rompe el paisaje, el hombre y la naturaleza frente a frente. El clan de vikingos cristianos también posee referencias del bárbaro errante, le conocen y le temen. Desconcertante como sus sueños de fuego, despiadado como sus captores, brutal, destripa a un infeliz vivo, con sus propias manos, protector ante el crío inseparable, místico al construir el montículo de piedras mas allá de las ciénagas sodomitas. Es posible que el propio Odín mire a través de One-Eye. Tras una elipsis abismal Winding Refn nos sitúa en un barco rumbo a Tierra Santa, un viaje hipnótico hacia la nada. Ecos de Werner Herzog y su Aguirre, toda la cólera de Dios parece caer sobre estos peregrinos, buscadores de la verdad. El esfuerzo llega a su fin. Los hombres naranja se esconden en cada rincón del laberinto, no hay retorno, queda el sacrificio y la catarsis.

Raúl Gallego

Esta noche en Radiopolis nos sacamos la  punta de flecha de la boca para descubrir quien es el colérico tuerto...

José Miguel Moreno, Isabel Moncada, Gervi Navío, Raúl Gallego y Elio Cubiles.
















Arrancamos la quinta temporada de la Gran Evasión con brutalidad extrema. Violencia y belleza se dan la mano en la obra de un loco entre los locos, Nicolas Winding Refn, que en 2009 saltaba al primer nivel cinematográfico con Valhalla Rising, una historia misteriosa y atrayente, introspectiva, a rebosar de lirismo, y ferocidad, violencia cruda para sobrevivir en un mundo salvaje, el Siglo X, un esclavo vikingo y un niño que emprenden un viaje hacia el otro lado del mundo.

Nicolas Winding Refn repasa la historia de su cultura, de sus ancestros, del pueblo vikingo, a través de un asfixiante viaje interior, la locura es abordada desde dentro, mostrando el fanatismo religioso, la ambición de los hombres, la ceguera de la búsqueda de fama y fortuna…la violencia es extremadamente explicita, presenciamos una evisceración, destrozar una cabeza con una piedra dejando a la vista los sesos….con un realismo abrumador, marca de la casa, ningún espectador queda indiferente. Pero Refn tiene la maestría de mezclar esa furia primigenia y salvaje con imágenes hermosas y contemplativas, de una hondura dignas de Kurosawa, o primeros planos a lo Sergio Leone, con el rostro curtido por la vida de estos guerreros, y la imponente naturaleza al fondo, abrupta y bella, una historia tan fascinante como hermética.

El protagonista, magnifico Mads Mikkelsen, One-Eye, un esclavo que vive luchando, sobreviviendo, matando para poder llegar al día siguiente, puede ser un trasunto de Odin, le falta el ojo izquierdo, atraviesa penalidades infinitas... hasta llegar al sacrificio final. Un niño es el encargado de su cuidado, Marteen Stevenson, la pureza y la inocencia son los únicos que se acercan al guerrero, hay ternura y misericordia entre el animal y el niño.

La fotografía de Morten Søborg es extraordinaria, el contraste supremo del clima salvaje y el tormento interior de los hombres, te deja sin aliento. Refn presenta a sus héroes en un inicio deslumbrante, aunque, la película, que está estructurada en seis capítulos, luego se para, con el punto de inflexión que supone el encuentro con los Vikingos Cristianos, la entrada de la religión que absorbió su cultura pagana. Con la llegada de esos guerreros de Dios que quieren reconquistar Tierra Santa, Valhalla Rising se vuelve críptica, oscura, espiritual, confusa, llega la niebla y lo envuelve absolutamente todo, pasamos al viaje interior, a la lucha interior, nos embarcamos con el Tuerto y el niño en el Drakkar, llegamos con ellos al otro lado del océano, al infierno o al nuevo mundo.

Todo lo que sucede en tierra es una sobredosis metafísica, no hay respuestas. La belleza es irrefutable, los fogonazos de barbarie, también.
¿Quién es el Tuerto? ¿Es la encarnación del mal, un Dios que convive con los hombres? ¿Quién eligió a quién?
La obra es una mezcla de fantasía, mitología, espiritualidad y violencia física, que no es nada fácil de asimilar pero que, sin duda, te obliga a reflexionar. Es un enigma que no tiene solución, repleta de simbolismo, una parábola infinita que narra cómo llegamos a ser lo que hoy somos…

No es fácil acceder al Valhalla, pero así debe ser.

Gervasio Navío Flores.

domingo, 12 de agosto de 2018

192 - La vida de Brian 1979


























Una banda de heavy metal se preguntaba allá por los ochenta si se podría jugar con la locura, perderle el miedo y sacar tajada de la situación, En un mundo en que nadie parece actuar de forma cuerda hay que buscar el sentido de las cosas y quizá la solución sea ponerse del lado de los chiflados. La respuesta ya la proyectaron en la pantalla mucho antes Stan Laurel y Oliver Hardy, Chaplin, Harold Lloyd o Los hermanos Marx. Mirar para otro lado y hacer como si nada ocurriera, así uno sostiene el peso de la cruz con más facilidad, tomarse las cosas con calma. Brian no se da cuenta de todo esto hasta el final, su compañero de crucifixión le comenta que cuando todo se ponga mal, junte los labios y silbe, porque la vida es una mierda y la muerte un chiste, lo que hay que hacer es disfrutar del show. Brian no quiere ser el Mesías, solo pretende hacer algunos amigos, pertenecer a un grupo, formar parte del Frente Popular de Judea y planear un golpe contra los romanos, malditos sean, que son unos represores y unos tiranos, aunque Mandy, esa madre desquiciada que no para de hablar y le encanta arrojar piedras en las lapidaciones, le cuente que su padre es un soldado romano que la engatusó.
Los Monty Python volvieron a desternillar al respetable con la vida de un torpe en Judea en el siglo I de nuestra era, un infeliz que se verá envuelto en un entuerto sin vuelta atrás, la gente cree que es el mismísimo hijo de Dios. Los genios británicos del humor absurdo encadenan una serie de sketches siguiendo una trama tan disparatada como la de su anterior película, Los caballeros de la mesa cuadrada, esta vez sobre la leyenda de Arturo y el Santo Grial. Con el rodaje y distribución de La vida de Brian tuvieron más problemas, la tacharon de blasfema, la prohibieron en las salas de varios países, al final los Monty Python ganaron la batalla del fanatismo por un detalle, no estaban representando la vida de Jesucristo, sino de un infeliz que nació en el portal de al lado. Después llegó Scorsese con La última tentación de Cristo.
La genialidad brota de estos seis cómicos, John Cleese quiso ser el protagonista en un principio, terminó siendo el inolvidable centurión desgarbado o el inútil líder del partido revolucionario, Michael Palin, vaya Poncio Pilatos gangoso, Eric Idle, compositor del mítico final sonoro, Terry Gilliam, encargado de la animación inicial y de la surreal escena de la nave espacial, Terry Jones, director del film y la terrible madre que echa la bronca aunque uno esté siendo crucificado, y Mister Graham Chapman, fantástico en su rol protagonista. Años después aparecería en aquel video clip de los Iron Maiden, Can I play with madness? Los Monty Python demostraron de nuevo que ellos sabían perfectamente jugar con la locura y ganar la partida.

Raúl Gallego

Esta noche silbamos optimistas y miramos el lado luminoso de la vida....

El chaval José Antonio Zabaleta y otros dos chavales con barbas, José Miguel Moreno y Raúl Gallego.

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viernes, 3 de agosto de 2018

191 - The Rocky Horror Picture Show 1975

























¡Atención! Unos labios rojo chillón sobre fondo negro nos convocan desde la galaxia Transilvania, los aliens del planeta transexual quieren celebrar con nosotros la deformación del tiempo entre las paredes del castillo donde Frank N Furter va a presentar su creación máxima, tras el primer intento fallido con el repartidor motorizado Eddie, que tenía encanto pero poco músculo. Atónitos asistimos al show de Rocky, el hombre con calzones dorados, el sueño libidinoso de un científico con ligas y tacones. Una pareja de novios aburridos, el pinchazo de una rueda, llaman a la puerta del castillo, y el mayordomo jorobado y la sirvienta Magenta les dan la bienvenida. Un saltito a la izquierda y las manos en la cadera, por favor.
 En 1975 Sharman y O´Brien trasladaron a la pantalla cinematográfica este disparatado y genial musical desde el teatro, con unas canciones mágicas que nos abducen, las convierten en algo similar a un programa doble de ciencia-ficción, King Kong y Fay Wray consiguen escapar de la turba castradora, Flash Gordon se marca un baile con el hombre invisible. Un Tim Curry esplendoroso baja en un ascensor para proclamar a los cuatro vientos que es un travesti transsexual, ante el asombro de los dos prometidos en paños menores. La película de culto por excelencia, el espectáculo máximo, la interacción entre los espectadores y la proyección, el desenfado, la transgresión, el glamour desquiciado de una troupe que se transmuta en el público congregado.

Raúl Gallego.

 Esta noche nos maquillamos, nos ponemos los tacones y las medias de rejilla…

 José Miguel Moreno, Manuel Broullon, Gervi Navío y Raúl Gallego.


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jueves, 19 de julio de 2018

190 - Jurassic World. El Reino Caído 2018

























A menudo, la ambición es tan temible que parece que quiera devorar todo lo que toca y se acerca. Puede que parezca dormida, o que sea algo que pasa desapercibido, pero no son más que las viejas trampas de la caza. Los colmillos se afilan, la aventura se provoca, la idea se agranda y el paladar se llena del regusto de las víctimas. Hay que tener mucho cuidado con la ocurrencia de jugar a ser Dios y, además, sacar un beneficio de todo ello. El resultado, con frecuencia, es la Naturaleza desbocada, la vida en un perpetuo desequilibrio salvaje y la certeza de que el hombre, en esas ocasiones, es un elemento totalmente prescindible.
Así que es tiempo de cerrar las jaulas a esos ejemplares que tratan de sacar el máximo número de ceros en cualquier loca subasta que sólo juega a poner en evidencia la falta de valores y la desorientación de una élite aburrida. Si los hombres llegan a convivir con las fieras, se puede deducir sin ninguna dificultad quién sería el vencedor y los rugidos del hambre saciada se podrán escuchar desde cualquier rincón del parque más cercano. Los dinosaurios ya tuvieron su oportunidad y desaparecieron porque ése era su destino. Es absurdo tratar de conservarlos para que todo se convierta en el sucio negocio de la extinción. El hombre no aprende y, tal vez, algunos dinosaurios sí.
Volvemos a los personajes que ya conocimos en la anterior aventura, pero esta vez Juan Antonio Bayona, a partir de un guión mediocre que recuerda mucho a la serie B clásica, ha conseguido imprimir un saludable sentido del humor, con secuencias perfectamente engrasadas, que funcionan con soltura, yendo del cine de puro entretenimiento al terror sin transiciones difíciles, con sus correspondientes sustos, sus tramas facilonas, sus tensiones manejadas y sus espectáculos visuales. Bayona trabaja con oficio y consigue una buena película, con cierto sentido, con homenajes preclaros a Frankenstein, o a De aquí a la eternidad y dejando un inquietante final para tener ganas de algo más. No es poco. Pujen por esta película, puede que no valga millones, pero acaba ofreciendo un rato de cine. Y no es poco habida cuenta del material con el que se partía. En algún momento hay que abrir la boca para tentar al bocado más cercano y manejar la cola con maestría para apartar a los facinerosos que, por puro interés, quieren ganancias rápidas y crueldades morales. Tal vez, los animales, por muy salvajes que puedan llegar a ser, son más sabios que los hombres. Conocen olores, comportamientos, intuiciones y crianzas. Y adquieren la certeza de que hay depredadores más devastadores que aquellos que son de su misma especie. Las llamas pueden devorarlo todo y no cabe duda de que hay situaciones con auténtico peligro que crispan los dedos sobre los brazos de la butaca y aceleran los latidos. Hay que salir corriendo si se quiere sobrevivir y no hay ningún problema en dejarse caer en los brazos de esa especie de domador de dinosaurios que encarna de manera efectiva Chris Pratt y de esa ingenua ecologista bajo el rostro angelical de Bryce Dallas Howard. El resto, ya saben, será un buen puñado de fantasía generada por ordenador, unos rugidos de alto volumen, una conclusión que puede ser el principio y la consabida certeza de que estamos en manos de unos cuantos desalmados que, con tal de ganar millones, no dudarán en poner en riesgo a toda la Humanidad.

César Bardés

En la noche más divertida de La gran Evasión nos rodeamos de niñas y niños para hablar de fauces, triceratops y dientes extraídos....

José Miguel Moreno presenta, con los niños José Antonio y Natalia Zabaleta, Elio Cubiles junior, Raquel Moreno, Ángela y Esperanza Arroyo, Raúl Gallego, Elio Cubiles y César Bardés desde Madrid.

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jueves, 12 de julio de 2018

189 - Terciopelo Azul 1986

























Nunca existen indicios en la vida de lo que nos puede ocurrir en el instante siguiente. Uno confía en que todo irá bien, siguiendo un esquema ordenado de acontecimientos. El sentido común no siempre se impone, el caos acecha en la trastienda. En las tranquilas noches de Lumberton la luz de las farolas cae mortecina sobre el césped húmedo, en las urbanizaciones, los barrios de personas aparentemente normales, que viven sus rutinas sin querer caer en la cuenta de que existe gente como Frank. El terciopelo azul excita al papaíto, el fetichismo de un pervertido que se droga con gas a través de una mascarilla, el terror del otro que llama a la puerta en el silencio de la madrugada.
Jeffrey pasa por un momento duro, su padre acaba de sufrir un infarto mientras regaba el jardín, el crío despistado y bonachón tiene que espabilar. Jeffrey se aburre en la ferretería, entre los muros de su habitación de adolescente, hasta que un día cualquiera el hallazgo entre la hierba de una oreja humana le obsesionará hasta límites insospechados. En la planta numero 7 de la calle Linton habita la cantante rota, enigmática, Dorothy enseña su espalda desnuda en el club nocturno mientras canta Blue Velvet, la mujer de la peluca se desnuda ante un voyeur escondido en un armario. La intoxicación del  lado oscuro puede sacarte del sopor diario, ahí fuera un tipo maligno aspira gas y abusa de una mujer. No puede dejar de mirar, el chico ha decidido inmiscuirse en el peligro, en el  habitáculo de paredes rojas. ¿Por qué existe gente como Frank? La mojigata hija del policía, la chica de rosa, se deja llevar por la imprudencia del que juega a  ser detective.
David Lynch consiguió realizar este film esencial gracias al dinero de Dino de Laurentiis, y eso que el productor había ya perdido un pastizal con su anterior Dune.  Rodada en formato panorámico, la retorcida creación del artista de lo raro nos envuelve en un mundo perverso, bajo la hojarasca los insectos pululan sin descanso, en los clubes de alterne las prostitutas ajadas se sientan inmoviles, y el amigo de Frank, un tipo con rasgos de payaso hundido hace un playback perfecto del In Dreams de Roy Orbison. En el cine de Lynch la belleza se funde con lo tenebroso, la rutina con la nostalgia del ayer, lo críptico con la sensualidad de una mujer de labios rojos y bata de terciopelo azul.

Raúl Gallego

Esta noche fumigamos la torre de Radiopolis en busca del lado oculto....

José Miguel Moreno, Gervi Navío, Raúl Gallego y desde Madrid nuestro crítico César Bardés.


Artículo sobre Terciopelo Azul por César Bardés


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“ Que títeres tan ridículos somos y que vulgar es el escenario en el que bailamos”. Seven (David Fincher).


 A mi me parece que nacemos muertos, y ésa es la oportunidad, sobrevivir, reponerse a la locura que no nos enseñan y seguir viviendo. O mejor, comenzar a hacerlo. Hay una posibilidad, o mil, de ir aprendiendo, ver el socavón, levantarse, estar de baja en acciones que comprometan e ir levantando el vuelo, pero aprendiendo, todo dependerá del tiempo que queramos perder. Y en eso está Lynch. Al tío le gusta la pasta, por eso se mete en proyectos de series, y es verdad que juega sucio, enseña la muleta y no hay toro, levantas la cabeza, ¿ que ha pasado? y claro vienen los mosqueos. No importa, no importa nada, solo sentir, y allí este cineasta es un maestro. No pudiendo negar la fuerza de sus imágenes, no solo innecesarias de construcción sino que muy al borde del segundo, un solo y corto segundo donde toda nuestra vida pasa por delante tan veraz como oscura, insoportable, como para seguir leyendo y entonces agarrado el hombre-espectador está muerto, con el leve suspiro de reconocer el magisterio.
¿Quién quiere mas de un segundo de ese infierno?. Yo no. Y por eso es necesario, “No somos lo que deberíamos ser.....” digo al inicio, y a fuerza de leerlo vemos que es cierto, instancia, repetición, búsqueda de un segundo aprovechable que viene del mismo infierno para coger fuerzas, ver en ello el lugar de vuelta, la construcción inmediata, la sonrisa oscura y seca que amordaza la falaz inteligencia de crédito,  ¡qué vulgaridad y cuanta miseria!, y mirar hacia dentro. Este tío como los clásicos, siendo posmoderno, es un romántico, que persigue e incita a la búsqueda, al reencuentro con un amor de cuando crío. La desnudez de no entender nada, que falta hace, para mirar desde un armario. Deja evidencias monstruosas la negación de ese lado siniestro, el único, lo otro es la máscara, en que el horror de la pérdida ahuyenta a los muertos, chillando a quejidos con viles silencios, vestidos de armónica cordura o soporíferos, inciertos.  Negar esta evidencia constituye el contrato, de pago brindado y público, que nos convierte en sonrientes, tristes, blanqueados sepulcros.

José Miguel Moreno


martes, 10 de julio de 2018

188 - El silencio de un hombre 1967

























El lobo solitario camina por los barrios de París, esconde su mirada, se oculta en su gabardina, en su sombrero ligeramente inclinado hacia abajo. El lobo está herido y deja su rastro, deja huellas cada vez más claras. Llega un momento en que Jeff Costello pierde la calma, ese laberinto en que se mueve a la perfección se hace más y más intrincado. El ritual del samurai de guante blanco, el hombre que se mueve en el silencio y que antes de asesinar avisa con pocas palabras:
“¿Quién eres tu? – Eso no importa. ¿A qué ha venido? – A matarlo”. El sicario mata por dinero, es su trabajo, y Jeff es un profesional.  El pájaro más triste de la historia del cine avisa a Jeff del peligro, su inquietud, sus plumas esparcidas por las rejas de la jaula, su canto apagado.
Melville, el maestro del polar, rueda con austeridad y elegancia, con una extraordinaria economía de recursos. El realizador francés nos hechiza con el relato, nos aprisiona en ese ritmo lúgubre de un tipo a contracorriente. El film comienza sin diálogos, la introspección de un tipo desesperado, de rictus de hielo, de ojos tan bellos como apagados que hacen juego con los azules grisáceos que pasan por el tamiz del operador Henri Decaë.
Alain Delon mantiene la compostura en la rueda de reconocimiento, el exasperante inspector está seguro de quien es el culpable, y las dos mujeres, la chica mulata al piano, y la otra coartada, la chica del apartamento, acosada por la policía, chantajeada por un tipo que solo vive para su oficio.
Un fatum inevitable persigue a la fiera, se escabulle entre las estaciones de metro, ascensores, puertas corredizas, callejuelas húmedas y clubes de jazz donde una mujer de tez cobriza toca el piano con expresión serena, se entienden con gestos, con miradas, no les hace falta hablar.

Raúl Gallego

Esta noche curamos nuestras heridas en la torre de Radiopolis…

José Miguel Moreno, Gervi Navío, Raúl Gallego y nuestro crítico desde Madrid, César Bardés.


Artículo sobre El silencio de un hombre por César Bardés


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jueves, 28 de junio de 2018

187 - Juguetes Rotos 1966

























Titula Miguel Olid su empecinado homenaje a Manolo Summers, "El héroe genial", y fue un héroe enfrentado a todos en una especie de tercera vía que su cine cultivó. Genial e inclasificable, pertenece al ámbito de los genios, los que transitan por normas, como el propio Welles, que luego van destruyendo a cada momento, las historias van siempre a saltos como la vida misma, fuera de géneros. El cine de Summers está embriagado de una intención que abarca una mirada. Va poco a poco, película a película, como un buen científico que sonríe y mira el mundo con una humanidad tremenda. Una mirada que tiene que ver con la infancia, como la de Welles, y que tiene que ver con la búsqueda de la inocencia, la recuperación indiscutible de la que hablaba Ozu, La falta de prejuicios hace al hombre libre, decía el maestro japonés, en esa tesitura Summers lucha contra sí mismo para poder ver, uno se tapa los ojos con las manos de un mundo construido a base de conceptos, y el estilo libre de Summers pasa por el cine negro, por el Greco, por Goya, por la poética de Machado, de Lorca, por una forma de ver España que se escupe a sí misma y que, sin embargo, se contempla con tanto amor y con tanto humor como ningún otro país de Europa ha sido capaz de hacer. Summers, como buen sevillano observa y calla, la elegancia de no quejarse nunca, como decía el periodista, y va contando pequeñas historias que resuelven problemas esquemáticos. Somos mayores ya, necesitamos saber que el dolor está presente, hay dolor en el cine de Summers, pero también hay vida, una vida que supera el concepto, supera el trauma, y supera la seguridad de creer que está todo dicho, En realidad nada está dicho.  Éstos son esos juguetes rotos de los que indudablemente formamos parte.

José Miguel Moreno

Esta noche conversamos con una sonrisa sobre la España rancia y cañí de Summers....

José Miguel Moreno, Miguel Olid, Manuel Broullón, Helio Salas, Paco Vallecillo, Zacarías Cotán y Manuel Summers hijo.



domingo, 24 de junio de 2018

186 - Noche de Estreno 1977

























Asistimos a la noche de estreno, en Nueva York, señoras y señores, desgarro de sentimientos, el cine y el teatro se mezclan con la vida, con abundante alcohol y actores desequilibrados, para abordar el miedo más cerval del hombre, el envejecimiento, el paso del tiempo, la propia identidad.
Un Cassavetes en estado puro, nos muestra las entrañas de una actriz de teatro alcoholizada, vulnerable y fuerte al tiempo, la incertidumbre del estreno, con un despliegue de interpretaciones extraordinarias, Gena Rowlands está soberbia, es la autenticidad personificada. Nos movemos por entre el patio de butacas, incomodos en nuestros asientos, porque asistimos a una lucha real, somos testigos forzosos de las miserias y glorias del teatro, Opening Night produce desasosiego y malestar, como la vida misma. Cassavetes desarrolla todo un profundo análisis de como la vida y el teatro confluyen, el desdoblamiento del artista, esa necesidad continua de ficciones, el autoengaño para superar traumas, de lo jodido que es asumir el paso del tiempo y la necesidad de lidiar con la incertidumbre, por mucho que ensayes, la vida no se puede controlar, hay que improvisar y adaptarte a cada nuevo día, a cada estreno, a cada compañero de reparto….
Uno de los grandes temas de Cassavetes, es confrontar la imagen que proyectamos a la sociedad y nuestra verdadera naturaleza, se manifiesta especialmente en todas las secuencias que tienen lugar entre bambalinas o en el hotel donde se aloja la compañía, siempre están actuando, siempre, su propia habitación es un escenario, viven y respiran teatro por eso son tan grandes y frágiles al tiempo. Depresión y reconstrucción.
Un elenco formidable para desnudar a cualquier obra de teatro, un Productor, Paul Stewart, la autora, Joan Blondell, el director, Ben Gazzara, un actor secundario, John Cassavetes, la actriz principal, Gena Rowlands. Realidad diluida. Cassavetes, se limita a mostrar, sin dar explicaciones, mira desde el patio de butacas, la cámara se mueve entre las cabezas, incomoda al espectador, y cuando le apetece, nos empuja al escenario, a las intimidades de este grupo de seres imperfectos y contradictorios. El temor al paso del tiempo acarrea la crisis de autoestima, la negación de un hecho,  y esta crisis conlleva un colapso de identidad, Myrtle empieza a tener alucinaciones con Nancy, la chica atropellada, que le pedía autógrafos a la salida del teatro, una fan terrorífica que representa su juventud pasada y que debe asesinar para seguir adelante…
Myrtle/Virginia/Gena Rowlands. El personaje, la actriz y la protagonista se mezclan, no se sabe nunca quién es Myrtle, o Virginia, ella siempre parece estar actuando, siente la necesidad de vomitar todo lo que tiene en su interior a través de esa obra que vemos conforme ella la siente, a trozos, vamos a la deriva junto a la actriz y todo su bagaje existencial explota en una improvisación final, legendaria…..

Gervasio Navío Flores

Entre trago y trago para soltar los nervios del estreno, mientras el publico murmura a las puertas de la torre de Radiopolis, se acomoda entre bastidores…. Gervi Navío, y en la sala, impaciente, incapaz de controlar los nervios, abandona su butaca para salir a tomar un escocés doble de puro cine, nuestro crítico, César Bardés.


Artículo sobre Opening Night por César Bardés


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viernes, 15 de junio de 2018

185 - Hasta que llegó su hora 1968
























Tres forajidos apostados en cada vértice del plano, abrigos largos, la figura de un hombre al fondo, un paísaje fordiano se pierde en el horizonte. Sergio Leone revolucionó las formas del western clásico con la trilogia del dolar y las depuró hasta que llegó la hora de Once upon a time in the west. Su particular visión de la creación de los Estados de Unidos, narrada a través de diversas historias, Charles Bronson, el hombre sin nombre, no conocemos su procedencia, Jason Robards, Cheyenne, el canalla enamorado, Henry Fonda en un desconocido registro de villano de ojos azules inyectados en sangre, de escupitajo fácil, asesina a un niño sin pestañear, y Claudia Cardinale, Jill, el agua y la esperanza de una tierra salvaje, la mujer de Nueva Orleans se apea en una estación perdida, nadie la espera. Leone se sirve de la fabulosa partitura de Morricone, de un relato forjado con la ayuda de Donati, Bertolucci y Argento y unos leit motiv de una ópera que se alarga como el silbido triste de un tren.
El jinete pálido y Los odioso ocho de Eastwood y Tarantino viven de la oscuridad y la nostalgia de Leone. El viejo oeste se desmorona ante los ferrocarriles de Morton, un capitalismo imparable, el progreso, también la corrupción en los huesos de un enfermo terminal que amasa fortuna, que se mueve como pez en el agua en su tren y es un caracol baboso en las llanuras áridas, que quiere llega al océano Pacífico y terminará en el lodo. No hay amistad, la camaradería brilla por su ausencia. Frank no sabe quien es el tipo de la armónica, el fantasmal sujeto que menciona nombres de muertos conocidos espera su momento, con los ojos entornados y una mueca de odio.

Raúl Gallego

En un duelo de miradas esta noche no desenfundamos, mientras sube el café de Jill en Radiopolis...

Raúl Gallego, Gervi Navío, Salvador Limón y nuestro crítico desde Madrid, César Bardés.

Artículo sobre Hasta que llegó su hora, por César Bardés


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jueves, 7 de junio de 2018

184 - Lejos de los árboles 1972


























La modernidad más atávica, el surrealismo más oscuro, la superstición más arraigada, lo insólito se encuentra lejos de los árboles. Jacinto Esteva, excéntrico, aventurero, arquitecto, pintor, cazador, cineasta, se llevó rodando fiestas y rituales a lo largo del territorio ibérico desde 1963 a 1970. El largometraje se podrá montar y será estrenado finalmente en 1972, con mucho metraje suprimido por la censura. No le pudo gustar a los guardianes de la moral este documento oscuro y soberbio, la España negra, la magia, el terror que también asoma en la sociedad contemporánea. Quizá Jacinto ya veía el peligro acechar en las filas de bloques adosados uno tras otro, el desarrollismo de los sesenta. Su objetivo busca la Barcelona de los tablaos y las discotecas. Desde el marchamo de lo extraño, esos bailes alocados se enlazan con los endemoniados de Lalín, los quejíos del cante jondo se hacen eco de lamentos, de Vírgenes arrastradas, de monjas de clausura que sonríen y lloran, de cementerios abandonados, de niños sucios.
La brutalidad, lo esotérico de un mundo conocido y lejano. Uno no puede apartar la vista de ese burro despeñado, de las plañideras de luto, de un cura de gafas oscuras similar al confesor de Satán, o el entierro de un hombre sin ataúd.
Los turístico y lo profundo, la ciudad y el campo, la mitología de la muerte. La cámara se aproxima a la vasija llena de agua, una mujer echa un huevo sobre ella. Una voz en off nos dice, como si fuera lo más natural del mundo:
En la noche de San Juan Bautista, 24 día de Junio, se deja al relente un huevo de gallina negra, el huevo debe quedar quebrado dentro de agua por la mañana, al nacer el sol, iréis a verlo y allí veréis vuestra suerte, y los trabajos que tenéis que pasar en esta vida.  Hay quién llega a ver hasta los males del mundo, y entonces, algunas veces, algunos, viéndolos claramente, pueden encontrar el remedio para curarlos."
El toque personal y bizarro del autor nos fascina. La comunión entre el mundos antiguos y nuevos que se disponen en simetrías dispersas. El fuego no tiene frío, el agua no tiene sed, el aire no tiene calor, el pan no tiene hambre, es la plegaria a San Lorenzo.  La película se quiso titular "Este país de todos los demonios", tomado de un poema de Gil de Biedma. La pobreza inmemorial, decía Biedma, el misticismo de un aullido de otro tiempo que llama a nuestra puerta.

Raúl Gallego

Nos flagelamos esta noche intentando comprender la visión de un film atípico y genial...

José Miguel Moreno, Paco Vallecillo, Rodrigo Ruiz de Villegas y Raúl Gallego.


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