La Gran Evasión

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jueves, 22 de diciembre de 2016

116 - La Colina de los Diablos de Acero - Anthony Mann 1957

Corea, 6 de septiembre de 1950.

Unos títulos de crédito sobre fondo negro, música de tambores de guerra para introducir un filme austero sobre el absurdo de la matanza a campo abierto. El pelotón del teniente Benson se encuentra a merced  de las líneas enemigas, aislados en tierra de nadie. Su objetivo: tomar una colina, esa es la orden de los mandos, unos muchachos llevados a la muerte segura para tomar una árida colina. Hombres envueltos en sudor arrastran el miedo repetido, dormir es difícil cuando la amenaza se esconde en la maleza. Guerra de guerrillas en un país extraño, la división no contesta, los árboles tapan el peligro, el viento duele en el pecho, el día y la noche se confunden, los ruidos no cesan y llega un momento en que ya no se puede pensar. En el campo de batalla no puedes ponerte enfermo, hay que caminar, esquivar las minas letales, anticiparse al ataque imprevisto. Si un soldado se relaja y se quita las botas para desentumecer los pies se expone a la muerte segura, agazapada.
Plano sobre la rueda de un camión volcado, la cámara barre un paisaje monótono, se mueve entre rocas, matojos y árboles grises hasta llegar a un soldado en primer plano que intenta comunicarse por radio.La historia del soldado de a pie es la historia de todas las guerras, la historia del sinsentido de los hombres.
Los actores Robert Ryan, Aldo Ray y Keith Davis destacan en el batallón de Anthony Mann. Dos antagonistas obligados a combatir juntos terminan fumando un cigarrillo mano a mano. Sobrevivir ante todo, cuando ya el batallón no existe, el regimiento no existe, el mundo no existe. Hombres dirigidos a una muerte tan arbitraria como los métodos del sargento Montana. Montana se aferra lealmente a su Coronel, al que el horror dejó sin habla. En el combate no hay amigos, el instinto gana, hay que mantenerse fuerte, y Montana lo sabe. Anthony Mann se sacó de la manga este proyecto personal con una puesta en escena desnuda de aditamentos, los primeros planos se suceden con la intención de indagar en el pensamiento de unos hombres en el infierno. Los muertos no son anónimos, el teniente cita sus nombres, uno a uno, aunque sólo los escuche el viento.

Raúl Gallego.

Esta noche en Radiópolis lanzamos una granada sobre la línea de flotación del aburrimiento...

José Miguel Moreno conduce el jeep desde Radiopolis, con Raúl Gallego, y nuestro crítico de cine César Bardés apostados en los flancos.



 Artículo sobre La colina de los diablos de acero, por César Bardés



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jueves, 30 de junio de 2016

91 - Horizontes Lejanos - Anthony Mann 1952





















Glyn McLintock cabalga sin echar la vista atrás. Otea las montañas nevadas como queriendo adivinar un futuro más próspero en las tierras de Oregón. El hombre itinerante se encarga de guiar una caravana de colonos a través de territorio indio hacia la tierra prometida, quien sabe si una muchacha de mirada clara será capaz de borrar recuerdos de muerte y sangre en la frontera de Missouri. Una huida de sí mismo a través de desfiladeros, praderas y ríos de aguas tan turbias como el pasado del hombre de rostro amable. En su particular viaje a Ítaca, McLintock se encuentra con su viejo socio de correrías, Emerson Cole, al que salva de ser linchado por unos vaqueros. Hoy por ti, mañana por mí. El roce abrasador de la soga en el cuello, y un pañuelo que oculta una cicatriz profunda. El antiguo fuera de la ley siente una atracción hacia todo lo que Cole significa, de ahí esa amistad que se rompe con la traición. Cole sonríe con cinismo cuando su camarada le dice que ahora quiere ser granjero.
Todas las manzanas del cesto no están podridas, o mejor dicho, un hombre no es una manzana, un hombre puede regenerarse y enterrar el asesino bajo las corrientes purificadoras. Cuando el filo del machete reverbera alzado sobre la siguiente víctima, un grito de mujer puede devolver a la tierra, al deseo de asentarse y construir algo verdadero. El hombre de frontera entonces mitiga su neurosis en la mirada.
Con un espléndido guion de Borden Chase, Anthony Mann dirigió el segundo western con su actor ideal James Stewart, de los cinco que hicieron juntos (Winchester 73, Tierras lejanas, El hombre de Laramie, y Colorado Jim), y con un magnífico Arthur Kennedy, el oportunista pistolero, Rock Hudson, Jay C. Flippen, y Julia Adams como Laura, la hija del patriarca de la caravana.

Raúl Gallego.

Esta noche vadeamos el río con nuestros castigados carruajes y la camisa de repuesto en el zurrón...José Miguel Moreno a la dirección, Gervi Navío, Raúl Gallego, y nuestro crítico de cine César Bardés. 


 Artículo sobre Horizontes Lejanos, por César Bardés