Cuenta la leyenda que un médico quiso curar a un herido. Los soldados irrumpieron en la casa del lesionado porque era un rebelde hacia la autoridad británica y al médico lo condenaron a galeras por colaboración con el enemigo. Así es como nacen las leyendas. Con unas sombras sorprendentes dibujadas en una pared de blanco y de negro. Con unos duelos a espada que hacen parecer que los filos comiencen un interminable cruce de palomas, como un cortejo de alas inquietas que terminan invariablemente en un beso teñido de sangre. Con unas sorprendentes coreografías que indican que hubo trabajo por parte de los actores, oficio por el del director e imaginación por el de los maestros de esgrima. Y así también nació una leyenda como Errol Flynn, el espadachín por antonomasia, el héroe perfecto, apuesto, brillante, galán, con un leve aire de pillo, con una acusada dosis de dignidad enfundada en la vaina. Y quizá, sólo quizá, nos hallemos ante una de las mejores películas de piratas de la historia.
Eso sí, siempre habrá un poco de justicia por allí, un romance por allá, dos o tres chistes colocados en alguna isla abandonada y unas olas que se transforman en testigos que van y vienen entre tesoros, rescates y desafíos. Obra maestra de esas que ya hemos demostrado sobradamente que no somos capaces de hacer, esta maravillosa película es diversión pura, es una sesión de tarde trasplantada a la noche, es la empuñadura del médico que fue pirata, del condenado que hizo justicia, del capitán que todo marinero quisiera tener...hay que estirarse bien para hacer que la punta de la espada se hinque en nuestro enemigo y mantener un rincón limpio de crueldad premeditada para conservar algo de lo que un día hizo que fuéramos honestos.
Y ante esas peleas nuestras sensaciones se convierten en botín de una película que atrapa como una nave que despliega todo el velamen para volar sobre el mar. Somos prisioneros inevitables del asalto del entretenimiento tejido con delicado encaje femenino. Queremos y soñamos con desenvainar ese acero que ni siquiera sabemos manejar y luchar en un abordaje imposible al lado del Capitán Sangre mientras intercambiamos sonrisas de complicidad y guiños de camaradería. Hoy atraca ahí mismo, en nuestro salón, un barco que hace sonar sus aparejos con el quejido propio del tiempo escapado, del momento que se transforma en suspiro, del instante fugaz de la felicidad que produce la evasión de la dictadura implacable a la que nos somete lo real. Hoy, tal vez, nos den alguna recompensa en piezas de oro por dejar que nuestro pensamiento sea tomado por sorpresa y nos dejemos arrastrar por las mareas de la aventura que nunca tuvimos, de la aventura a la que nunca jugamos, de la aventura de la que siempre escapamos porque la valentía es patrimonio exclusivo de las leyendas contadas. Dejemos que nos cuenten una.
César Bardés
Levantamos la copa de ron y nos lanzamos al abordaje esta noche en Radiopolis...
José Miguel Moreno modera, Raúl Gallego, Gervi Navío y nuestro crítico de cine César Bardés.
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Programa de cine, emitido desde Sevilla por Radiópolis (92.3 FM) cada martes de 22:00 a 23:00, repetido los domingos de 12:00 a 13:00. Todos los podcasts están disponibles en el Blog.
La Gran Evasión
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jueves, 9 de febrero de 2017
jueves, 10 de noviembre de 2016
110 - Casablanca - Curtiz 1942
De todos los garitos de todos los pueblos del mundo; ella entra en el mío.
Ya es mala suerte, Rick. Sentado en tu bar, tu rictus se esconde entre la penumbra y el humo de otro cigarrillo, y le pides a tu fiel Sam que la toque una vez más, que toque esa maldita canción. Si ella pudo resistirla tú también. Aquellos acordes han vuelto a sonar y tuvo que ser precisamente en tu bar. Esa tarde ella, más radiante que nunca, entró con su marido y pidió dos Cointreaus.
En plena segunda Guerra Mundial en la ciudad de Casablanca se juntan toda clase de pelajes. Refugiados como Victor Laszlo y su esposa Ilsa, Ugarte, el sospechoso de robar los salvoconductos, el capitán de policía Renault, ese francés que se deja llevar por el viento aunque éste sople desde Vichy, el oficial nazi Strasser, o el señor Ferrari, el gordinflón propietario de El loro azul. El propio Michael Curtiz era de ascendencia húngara y sabía bien que significa el exilio. El inflexible director plasmó a la perfección la angustia de unas vidas cuya libertad o miseria dependía de un visado. La fuerza de los diálogos escritos por los hermanos Epstein y Howard Koch, el idealismo, el romanticismo, la atmósfera creada pocas veces se ha superado en la historia del cine. Pocos tipos hechos de la pasta de Rick. Hombre cínico a primera vista, idealista en el fondo, su figura se engrandece más y más a lo largo del metraje. Rick no quiere ver alejarse a Ilsa en el aeropuerto, su decisión no tiene vuelta atrás, París queda en el recuerdo. Ni las lágrimas serenas de su amante, ni las copas de Bourbon cerrarán la herida del solitario héroe que conoce bien su sitio. Su tren partió una noche lluviosa hace mucho tiempo ya.
Raúl Gallego.
Esta noche en Radiópolis cantamos la Marsellesa, nos tomamos un agua de Vichy, y tiramos la botella a la papelera...
Raúl Gallego, Gervi Navío, Isabel Moncada, Mamen Torres y nuestro crítico César Bardés desde Madrid.
Artículo sobre Casablanca, de César Bardés
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