La Gran Evasión

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domingo, 28 de agosto de 2022

379 - Adivina quién viene esta noche - Stanley Kramer 1967

 A la vuelta de un viaje a Hawai, la querida hija del matrimonio Drayton aparece con el acompañante más inesperado. Matt, un hombre respetable y progresista, con el retrato de Franklin Roosevelt en su despacho, nunca hubiera imaginado que se le iban a romper los esquemas el día que la niña de sus ojos le presentara a un hombre negro como su futuro esposo. Matt debe enfrentarse a su consciencia. Aceptar un reto personal en tiempos en que el matrimonio interracial estaba prohibido en muchos estados, en plena lucha por los derechos civiles, pocos meses antes del asesinato del reverendo Martin Luther King. Matt, practica lo que predicas, eso esperan todos de ti, tu mujer, tu amigo, tu hija. 

El guionista William Rose (colaboró con Kramer en “El mundo está loco, loco, loco”, “El secreto de santa Victoria”, o con McKendrick en “El quinteto de la muerte” y “La bella Maggie") edulcora la situación con diálogos divertidos y elegantes, personajes con bis cómica, la sirvienta Ísabel Sanford- y el cura bonachón y de miras abiertas – Cecil Kellaway- aportan el humor. La criada, curiosamente la que se opone con más vehemencia a la unión entre la niña blanca de bien y el afroamericano, aparecido de quien sabe dónde, siendo ella misma negra, y es que las furias del infierno andan sueltas.

Más de uno echó en cara a Kramer y a Rose algún truco de guion. El doctor interpretado por Sidney Poitier posee un currículum intachable, un médico de prestigio, da conferencias, ha publicado varios libros, ¿qué pasaría si hubiera sido barrendero, cobrador de impuestos o cartero como el mismo padre del pretendiente? Y aun así, el film de Kramer no está exento de calidad, nos encanta, nos hace sonreír. 

La entrada en escena de los padres del doctor complicará aún más las cosas, hasta la conversación padre e hijo en que veremos por primera vez al prudente y educado pretendiente fruncir el ceño de verdad.

Emociona un medido y brillante Spencer Tracy que estaba bastante enfermo, y el vínculo de leyenda con Katherine Hepburn, la madre de Joanna -Katherine Houghton-, con momentos tan divertidos como su expresión entre la sorpresa y el pánico al ver al su potencial yerno por primera vez, y otros conmovedores. El discurso final de Tracy sobrecoge , teniendo en cuenta su delicado estado de salud, moriría dos semanas después de finalizar el rodaje.  

R G

Esta noche nos invitamos a cenar con Poitier, Katherine, Tracy y compañía…

Zacarías Cotán, David Velázquez y Raúl Gallego. 

DALE AL PLAY Y ESCUCHA EL PROGRAMA

 

 





















sábado, 30 de octubre de 2021

342 - El mundo está loco, loco, loco - Stanley Kramer 1963

Bienvenidos a un nuevo episodio de la Gran Evasión, esta noche tenemos una desternillante muestra de como la codicia y la ambición no conocen limites; Y es que El Mundo Está Loco, Loco, Loco. Una comedia a reivindicar, un magnifico homenaje al slapstick. Un puñado de locos al servicio de Kramer. 

Stanley Kramer es otro director, algo olvidado, pero que es parte fundamental del Hollywood de los 60, se suele citar por su bagaje en películas de corte social y psicológico: El alegato antinuclear en La Hora Final (1959) o  Adivina Quién Viene Esta Noche  (1967), tratando el tema racial, El Barco de los Locos que ahondaba en la relaciones humanas en plena huida del nazismo. Pero en 1963, se desmarca de todo y de todos con esta carrera a contra corriente, nunca mejor dicho.

Kramer lo apuesta todo con esta comedia coral, totalmente loca, de casi tres horas, que se proyectaba con un descanso, en un formato espectacular, Ultra Panavisión, propio de los peplums de la época, arrancando con unos títulos de crédito brillantes, a cargo del genio Saúl Bass.

El mundo está loco loco es una rareza, y una película tan alocada como divertida. El punto de partida  es tan hilarante como simple, un accidente, un puñado de curiosos, un moribundo que susurra el lugar de un botín escondido, y el resto lo pone la condición humana, enfocando  en primer plano el alma americana: la oportunidad,  la pasta, el dólar, la codicia….llegar y ser el primero.

Los guionistas, William y Tania Rose, ya habían dado muestra de su talento con  El Quinteto de la Muerte (1955) de Alexander Mackendrick, que en cierto modo pone las bases de esta historia, porque es otro reparto coral de grandes cómicos, En el mundo esta loco loco el reparto está compuesto por cómicos de diferentes épocas y estilos que cada uno tiene su momento de gloria, todo llevado al extremo, bajo un ritmo frenético. A pesar de sus 154 minutos de metraje, y su descanso, El mundo está loco loco loco es una delicia que se disfruta en un suspiro, sin dejar de reír, también  con un guiño melancólico por el cine clásico, por la esencia de este arte tan maravilloso: la risa, la emoción, no hay nada mas intimo, ni mas conciliador y no hay conexión mas sagrada que compartir una carcajada…. 

Esta noche corremos a lo loco por las carreteras californianas, directos a la gran W del parque de Santa Rosita, con una elenco grandioso, con personajes inolvidables, Spencer Tracy como el honrado capitán Culpepper, la insoportable suegra de Russel, la señora Marcus, interpretada magistralmente por Ethel Merman, Lennie el camionero bonachón hasta que se enfurece como el increíble Hulk, genial Jonathan Winter…….el dentista, el oportunista e indeseable Otto que engaña a todo el que se le cruza en el camino, Phil Silvers….Micky Rooney y Buddy Hacket y un largo etcétera…, sin contar los cameos de viejas leyendas del cine y la televisión….como los Tres Chiflados…Jerry Lewis...o el maestro Buster Keaton.

Emprendemos una persecución descontrolada por las carreteras del cine: Rosario Medina, Salvador Limón, Gervi Navío y Zacarias Cotán…para constatar una verdad innegable: El Mundo está loco loco loco

Gervasio Navío Flores.


 

 



jueves, 15 de diciembre de 2016

115 - ¿Vencedores o Vencidos? (El Juicio de Nuremberg) - Kramer 1961

La historia suele clasificar a los contendientes de un conflicto en vencedores o vencidos. Sólo con la perspectiva del tiempo es cuando nos damos cuenta de que, en una guerra, nunca hay vencedores. El defecto básico del carácter alemán que se dejó seducir como pieza fundamental de un engranaje de gigantes sin capacidad para la rebelión fue el principal motivo que hizo que una nación se dejara arrastrar hacia la locura colectiva, hacia el odio racial, hacia el hecho diferencial, hacia el expansionismo y hacia el delirio de superioridad...y en esa enorme maquinaria estatal que convenció a adultos, que conquistó a jóvenes y que revivió a ancianos, hasta los grandes hombres prestaron oídos a lo que nunca debieron escuchar. Y el día en que se condenó a un inocente sabiendo que se cometía una injusticia es cuando comenzó la masacre.
Más tarde, cuando la paz hizo su tímida aparición, nadie sabía nada, nadie entendía de política, nadie escuchó a un loco clamando su odio en el Reichstag. Una nación de sordos, mudos, ciegos que además miraban a otro lado, quizá a los vecinos que desaparecían en mitad de la noche por ser judíos, o gays, o retrasados mentales, o izquierdistas, o antisociales. El estado del miedo tiene muchos aliados en el silencio y en la aceptación por inercia, por comodidad, por conformismo. Por eso, por tanta imposición por el decreto de la violencia usando la rúbrica del miedo, Vencedores o vencidos, de Stanley Kramer, cobra una enorme vigencia en los días que vivimos.
En esta película podemos observar la actuación del principio de la justicia, más allá de razones políticas que tan sólo entorpecen lo que corresponde a la condición humana, encarnado soberbiamente por Spencer Tracy; el principio de la ira, la humillación y la venganza que los vencedores se toman siempre sobre los vencidos, implacable Richard Widmark; el principio del lograr a cualquier precio que el yugo de la culpabilidad no se cierna sobre las generaciones posteriores intentando hacer ver las contradicciones internas de quien tiene que administrar justicia por parte de quien es esencialmente injusto, extraordinario Maximillian Schell; el principio de la corrupción y del que sabe que obró mal pero que no tiene muy claro en qué momento comenzó a cruzar la línea que separa el servicio a la colectividad de la erótica del poder, impresionante Burt Lancaster; el principio de quien no entiende el ensañamiento de su propia patria con él porque, sencillamente, es incapaz de decir que el cazador fue al campo a matar la liebre, escalofriante Montgomery Clift; el principio de quien agotó su alma por el sufrimiento y la presión y que se derrumba ante la insistencia atosigante del señor Rolfe, abogado de la defensa, en una interpretación prodigiosa de Judy Garland; y, por último, el principio de quien, perteneciendo a la aristocracia, despreció al Führer pero nunca estuvo en contra de su política, porque así, de alguna manera, se considera libre de culpa y considera injusta la condena, sombría y falaz Marlene Dietrich...muchos principios para el fin, para la desolación, para la ruina, para una generación engrasada en el odio y en el mirar obsesivamente hacia sus adentros sin ni siquiera saber mirar y eso...eso no es patrimonio exclusivo de los alemanes. Cuando Rolfe está presionando de manera inhumana a Irene Hoffman, Ernst Janning se levanta de su escaño de acusado y grita para impartir justicia una vez más: "¡Señor Rolfe!...¿es que vamos a empezar otra vez?"...Y ese grito no es sólo contra su propio abogado defensor...ese grito...es contra la estúpida humanidad que siempre, siempre va a empezar otra vez porque es incapaz de comprender que el bienestar de la mayoría supera al bienestar de la minoría pero que los derechos del individuo están muy por encima de los derechos colectivos de una nación.

César Bardés.

Esta noche en Radiopolis nos ponemos los auriculares para entender el sentido de la justicia...

José Miguel Moreno modera, Gervi Navío, Raúl Gallego, nuestros invitados de hoy Miguel Olid, crítico de cine, Emilio G. Romero, historiador cinéfilo, y César Bardés, nuestro crítico de cine desde Madrid.