La Gran Evasión

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sábado, 28 de septiembre de 2019

242 - El Tren - Frankenheimer 1964

El valor y la resistencia en los últimos días de la ocupación. Una misión complicada: impedir a los alemanes llevarse un cargo de obras de arte, la gloria de Francia, y un dilema moral, ¿es ético sacrificar la vida de personas por impedir el expolio?.
El mejor ferroviario, Burt Lancaster, líder de los resistentes, Labiche, lo tiene claro, no sacrificará más vidas por unos cuadros. Una excelente puesta en escena, el vibrante montaje propulsa la máquina al mismo ritmo que el film, la fotografía granulosa de grises de hollín, negros de traviesas quemadas, blancos de vapores entre los que asoma la efigie de Papa Boule (Michel Simon) al frente de su locomotora, y una sucesión portentosa de travellings, panorámicas, encuadres angulados, primeros planos del sudor desesperado del coronel Von Waldheim (Paul Scofield), antagonista de Labiche, obsesionado con llevarse las pinturas a Berlín, de la tristeza callada de una Jeanne Moreau contenida, fuerte, femenina, salvará la vida del protagonista en dos ocasiones.
Frankenheimer, uno de los más brillantes de la aclamada generación de la televisión, tomó el relevo de Arthur Penn, el primer elegido para dirigir El tren,  a Burt Lancaster no le convenció su toque intimista, quería más acción, más dureza, y no dudó en ponerse en contacto con el hombre que había sacado poco antes lo mejor de él, con Frankenheimer fue el fiscal de Jóvenes salvajes, el arisco convicto de El hombre de Alcatraz, el general de Siete días de mayo. En El tren un Lancaster metido ya en los cincuenta no esboza su sonrisa de pícaro, en gran forma física, se encuentra a sus anchas, no necesita doble para subirse de un salto a un tren en marcha, o tirarse por un terraplén haciendo equilibrios.
Uno de los bombardeos mejor filmados de la historia del cine, el de los aliados en la estación de Vaires, otra espectacular secuencia, la locomotora huyendo del Spitfire británico para refugiarse en el túnel, descarrilamientos, sabotajes, trabajo en equipo y sacrificio. Un maquinista inolvidable sabe utilizar cuatro francos grasientos, Papa Boule tuvo una novia, modelo de Auguste Renoir, que olía a pintura. Héroes anónimos que no han ido a un museo en su vida pero no dudarán en dar su vida por unas obras que no conocen, Didont quiere completar su última misión (Albert Remy, el padre de Antoine Doinel en los 400 golpes), Jacques Marin, el jefe de estación se amordaza a sí mismo, Christine, la regente del hostal dice al fin su nombre a Labiche, después de un silencio, el silencio de los caídos, porque nunca hubo heridos, sólo muertos. 

Raúl Gallego

Esta noche procuramos no descarrilar el tren de Radiopolis....

José Miguel Moreno, Zacarías Cotán, Gervi Navío y Raúl Gallego.


Artículo sobre El Tren, por César Bardés



El Tren contiene compromiso social y espectáculo, entretenimiento y dilemas morales. Es una pieza de orfebrería, con un ritmo y una atmósfera excepcional.
Se nota la manera de narrar de Frankenheimer, quizás el director más talentoso de esa generación de la televisión que revitalizó Hollywood en los sesenta. Su puesta en escena y su brío para la acción son indudables. El arranque de la historia, con ese primer ataque a la estación te dejan boquiabierto.

Un tren cargado de obras de arte que los Nazis quieren llevarse de Francia en las postrimerías de la ocupación; los ferroviarios franceses, infiltrados en la resistencia, son los verdaderos héroes de este episodio verídico de la segunda guerra mundial.
La película grita al mundo que no olvidemos el brutal sacrifico de esos civiles anónimos, que entregaron sus vidas para salvaguardar la Cultura y la Libertad de su país, la Gloria de Francia.

El reparto es magnífico, Labiche es Burt Lancaster, un alarde de actuación y poderío físico para encarnar a este héroe con las manos manchadas de aceite de locomotora, que cree que las personas, cree que sus vidas son más importantes que las pinturas,  pero lo entregará todo por cumplir la misión.
La visión elitista del arte la encarna el papel del Coronel Franz Von Waldheim, inmenso Paul Scofield, con un discurso final sobrecogedor, delimitando el acceso a la belleza, al arte... un sucio mono grasiento no sabe apreciarlo…
El contrapunto femenino es Jeanne Moreau, Christine, viuda, dueña de un hostal, que no quiere mas muertes, que sobrevive como puede, pero que también luchará por la única causa justa.

Además tenemos a Allbert Rémy, Howard Vernon, o Michel Simon, Papa Boule, otro personaje inolvidable, su mirada a Labiche tras ser descubierto el sabotaje, es de las que dejan huella.

Monet, Picasso, Cezanne, Matisse, Van Gogh…no hace falta que veamos los cuadros en sí, vemos las cajas que los contienen, con la esvástica marcada, arte degenerado para especular, arte en mayusculas que sólo una pocos saben apreciar, no……….El arte no tiene dueños, pertenece a todos y cada uno de nosotros.
El cine como arte, como identidad, el Tren de Joh Frankenheimer es una gran aventura, reflejo de la propia vida.

Gervasio Navío Flores


Frankenheimer Audiocomentario de José Miguel


























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