La Gran Evasión

La Gran Evasión

miércoles, 19 de abril de 2017

133 - Río Rojo 1948























Lágrimas con sabor a polvo, pesadumbres, escaramuzas, humo comanche en lontananza, y una mujer perdida para siempre. El ganadero Tom Dunson es un tipo hecho a golpes de látigo, con sólo dos reses consiguió juntar miles de cabezas de ganado. Para ello tuvo que dejar atrás a su prometida, decisión que toda su vida quemará sus entrañas. Tras un salto temporal de catorce años, la guerra de Secesión hará de su ahijado Matt un hombre, traerá la depresión económica, y tocará tomar una segunda decisión. Trasladar todo el ganado de los pastos de Texas a un lugar más próspero. Las facciones de Dunson encierran desengaño, se defiende con métodos cada vez más arbitrarios, más tiranos. Tras amenazar con ahorcar a dos desertores, su hijo adoptivo Matt le plantará cara. La obstinación de un hombre da lugar a la desconfianza y al motín. Howard Hawks abandona los salones y las dependencias del sheriff donde tan bien supo moverse para abrir los horizontes y seguir la caravana de Dunson, Groot y Matt, a través de las tierras inmensas de América. Dunson es un hombre decidido, no dará su brazo a torcer en ningún momento. Su prometida no le acompañará, aunque se lo ruegue mil veces. He ahí su suplicio. No podrás salir adelante sin una mujer, Tom. La hilera de carromatos se pierde en la distancia, la epopeya de los pioneros y el drama romántico se dan la mano en Río Rojo. Un escogido reparto en el que brilla John Wayne en uno de sus más memorables trabajos, Montgomery Clift, joven y especial como siempre, Walter Brennan, el simpático narrador que da unión a lo que vemos, una hermosa Joanne Dru confiere fortaleza al personaje femenino, o un John Ireland que se dice estuvo la mayor parte del tiempo borracho en el rodaje, Hawks terminó cortando mucho metraje en que aparecía el audaz Cherry Valance.
Dos mujeres abren y cierran el ciclo. La pulsera pertenecía a su madre, de la mujer amada pasa a la muñeca de un piel roja, después a Matt, y de nuevo a otra mujer hermosa y fuerte. Al vadear el río muchas reses perecen, otras consiguen pasar al otro lado. Los gritos para espolear al ganado, el trabajo físico, los primeros planos de unos hombres sedientos enlazan con una panorámica imponente. Otro encuadre fuera de lo común, un plano de la ladera por la mañana, el entierro de un buen hombre muerto en la estampida, Dunson lee la Biblia y nubes negras arrojan un oscuro augurio sobre el paisaje.

Raúl Gallego

Esta noche nos jugamos la dentadura postiza con un indio en una partida de póker...

José Miguel Moreno presenta y debaten  Raúl Gallego, Gervi Navío, y nuestro crítico desde Madrid, César Bardés.


 Artículo sobre Río Rojo, por César Bardés


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