La Gran Evasión

La Gran Evasión
Mostrando entradas con la etiqueta Minnelli Vincente. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Minnelli Vincente. Mostrar todas las entradas

lunes, 31 de octubre de 2022

383 - Dos Semanas en Otra Ciudad - Vincente Minnelli 1962

 El atrezo y el glamour, el vértigo del éxito y la gente de la farándula. Es el cine dentro del cine de la mano de Vincent Minnelli, su segundo film con esta temática tras Cautivos del mal, también protagonizada por Kirk Douglas diez años antes. Una visión desencantada y ácida de un Hollywood trasladado a Europa, a la Roma de Cinecittá, acción recurrente para estudios como la Metro al principio de los años 60, abarataba los costes de producción.  

Minnelli y su operador Milton R Krasner filmaron en zonas turísticas de la capital italiana, paseamos de la mano de Kirk Douglas y su joven amante por la Plaza Navona, la Plaza de España, buscamos al galán desequilibrado, actor principal de la película que se rueda por los barrios del Trastevere, y, desde un balcón, admiramos la Fontana de Trevi. También hay muchos interiores, Minnelli, director prototipo del Hollywood estudio, la mayor parte del tiempo filmaba en decorados , en habitaciones de hoteles, salas de fiesta y suntuosas mansiones. 

Todos quieren sacar tajada del prójimo sin reparar en las consecuencias, mentiras, banalidad, neuras La relación amor-odio entre el director Kruger y su actor favorito, el mismo Andrus le comenta al médico del sanatorio en la secuencia inicial. “Odio y amor, mezclados juntos con mucho hielo y cebolla, al estilo Kruger”.  El actor vivirá un romance con Verónica, una chica demasiado inocente para la cohorte de fieras y hienas en la que se mueve. Ambos saben que su romance no va a ningún lado, se dejan llevar. Andrus desea aniquilar sus demonios en Roma, y si la casualidad hace que tenga que ocuparse de terminar la película lo hará. Aunque su mentor le confiese enfermo de muerte que él también se acostó con Carlota. Andrus vuelve a perder pie en la piscina donde su amigo nadó con su esposa. Otra vez presa de los celos, de sus devaneos con unos y con otros, otra vez a punto de matarse en un accidente de coche con ella de acompañante. La misma belleza y fealdad del film que el equipo de rodaje visiona en la sala de proyección, el patetismo de una borracha arrojada a la piscina,  los Cautivos del mal, del glamour y la dolce vita. 

Esta noche intentamos disimular el temblor de la mano…

Raúl Gallego, David Velázquez y Zacarías Cotán

DALE AL PLAY Y ESCUCHA EL PROGRAMA


 

 
































miércoles, 2 de junio de 2021

325 - Melodías de Broadway 1955 - Vincente Minnelli 1953

La alegría, el estilo y el poder visual del maestro Minnelli hacen de The Band Wagon (Melodías de Broadway 1955 en España) uno de los clásicos de la historia del musical. 
Tony Hunter se baja del tren, nadie espera al antes aclamado astro de Hollywood. Pasea por un Broadway diferente, en el que triunfó,  un Fred Astaire otoñal y perfecto pregunta al dueño de un puesto de perritos calientes donde está la fachada de aquel teatro con solera que parece haberse tragado la tierra. Y aún así, nunca hubo máquinas recreativas con más encanto, ni un limpiabotas con más sentido del ritmo en la famosa avenida de los sueños. Tony Hunter representa el musical clásico. Astaire se interpreta a sí mismo, con sus zapatos brillantes, su elasticidad única y su elegancia.  En el rodaje de la película mostró cierta inseguridad con el coreógrafo Michael Kidd, no se sentía seguro con los pasos que en ocasiones le exigía, así de nuevo se funde la ficción con la realidad. El complejo del personaje de Astaire hacia la joven estrella de la danza se trasladaba al plató de la Metro donde  Astaire puso su sonrisa, su ritmo, y su saber hacer para acompasar y mejorar los movimientos de sirena de la Charisse. 
Minnelli conocía a la perfección el mundo del teatro y sus entresijos. 
En este musical espectacular y vitalista asistimos al montaje de un espectáculo, como se prepara una obra detrás de bastidores, los operarios, las inquinas, la soledad del artista en su camerino, los ensayos, las veleidades de un director caprichoso, los problemas de financiación, los castings. La vida imita al arte y viceversa. En el Gran Teatro del Mundo un bailarín de claqué y una diva del ballet hacen las paces en un coche de caballos. El glamour, una pareja única camina por Central Park al son de las notas de Arthur Schwartz y la envolvente orquestación de Conrad Salinger. Al mimo paso, la magia llenará la pantalla, las notas in crescendo se amoldan perfectas al baile y a la falda plisada de Gabrielle. El “Dancing in the Dark” divide el film y se convierte en uno de los mejores pasos a dos de la historia del cine. 
Las disparatadas pretensiones del director teatral Jeffrey Cordova -estupendo Jack Buchanan-, que cambia el libreto original de la pareja de guionistas. Su idea de convertirlo en una especie de Fausto bailado con ínfulas. El dinamismo de todas las secuencias y el amor de Minnelli y del productor Arthur Freed al show business nos deleitan, nos contagian su alegría. Los números musicales escritos por Schwartz y las letras de Howard Dietz se suceden, entre ellos la pieza mítica That´s Entertaiment, con un suelto Oscar Levant transportando una interminable escalera, un estupendo Buchanan, una radiante Nanette Fabray y Astaire dejándose convencer de que el mundo se divide en un escenario y un patio de butacas. En el apoteosis final Minnelli se atreve a cambiar de nuevo los decorados y meternos de lleno en un cine negro en technicolor, con mafiosos que disparan balas de fogueo, una peligrosa mujer de rojo carmín, y vasos de cerveza con sabor a nitroglicerina.   
El estilo único de un estilista , el toque Minnelli provoca la sonrisa una vez más y nos repite que el show ha comenzado. ¡Viva el espectáculo!

Esta noche nos colamos en la fiesta de  Broadway e intentamos seguir losmovimientos de Astaire y Charisse...

Salvador Limón, Zacarías Cotán y Raúl Gallego


 DALE AL PLAY Y ESCUCHA EL PROGRAMA






jueves, 14 de marzo de 2019

217 - Cautivos del Mal - Minnelli 1952

«Para dirigir una película hay que tener humildad. ¿Es usted humilde?»  Es la respuesta del actor Ivan Triesault,  Von Ellstein, un trasunto de Fritz Lang o Joseph Von Stenberg, que decide dejar la película a ese productor que mete las narices en todo.
El mal y la belleza. Un productor sin escrúpulos y una ambición desmedida, la efervescencia de su ademán y la fascinación contagiosa de un tipo que desborda entusiasmo, y no dudará en defraudar a sus amigos, traicionar a sus amantes, Jonathan Shields, un manipulador nato, clavado a su difunto padre. El astuto hombre de negocios no concibe que al entierro de su padre no vaya nadie, y pagará a figurantes, como si el sepelio fuera otra pantomima, otra coreografía ficticia, nadie cree que merezca la pena despedir a un tipo que los maltrató en la vida real.
La belleza de una mujer desesperada, también a la sombra de un padre actor que conoció los laureles del éxito. El peligro de Hollywood, la riqueza y el miedo abrasan a Lana Turner, una actriz que se interpreta un poco a sí misma, insegura, siempre al borde del precipicio. Adorable en su pijama blanco, ausente y vulnerable a partes iguales.
Las verdades y mentiras del cine, los decorados, los focos, las grúas abriéndose paso en el plató y una triple llamada de teléfono. El director, la actriz y el escritor han conocido la fama gracias al señor que otra vez los reclama, él los descubrió, confió en ellos y les dió la espalda, ahora está en horas bajas.
Vincent Minnelli afirmó que todo lo que amaba y odiaba con relación a Hollywood estaba en el guion, espléndido y escrito por Charles Schnee, sobre una historia original de George Bradshaw. Las sombras de John Houseman, productor de Ciudadano Kane, y de David O Selznick se proyectan sobre la personalidad de Shields, el hombre hecho a sí mismo que no se preocupará en absoluto por gastarse los ahorros de los que le rodean en una partida de poker, de pegársela a la actriz rubia platino con cualquier otra, de utilizar al que se creía su amigo. Shields conoce las virtudes y debilidades de cada uno, su egoísmo sin límites le impulsa hacia adelante. Un portentoso Kirk Douglas crea un personaje que sabe construir y destruir todo lo que toca.
El auge del sistema de estudios estaba cercano a su fin cuando Minnelli rodó Cautivos del mal y, con su delicado y exuberante manejo de la cámara, su perfecta composición de planos, creó otro clásico maravilloso.  A destacar el resto del reparto, Barry Sullivan, Dick Powell, Gloria Graham, Gilbert Roland, o un persuasivo Walter Pidgeon en el papel de Harry Pebbles, el productor ejecutivo convoca a los tres personajes en su despacho, mientras los Oscars conseguidos por Shields en sus arriesgadas apuestas les observan desde la repisa,  un teléfono negro suena, y tres flashbacks desglosan la maldad y el atractivo de un genio.

Raúl Gallego

Esta noche sacamos lustre al escudo de armas de Shields Productions en Radiopolis...

José Miguel Moreno, Zacarías Cotán, Gervi Navío, Raúl Gallego, y nuestro crítico de cine César Bardés.

Artículo sobre Cautivos del Mal, por César Bardés

DALE AL PLAY Y ESCUCHA EL PROGRAMA