La Gran Evasión

La Gran Evasión

lunes, 3 de junio de 2024

415 - Los Amantes de Montparnasse - Jacques Becker 1958

 Jacques Becker aceptó rodar los últimos días de la vida del pintor Amedeo Modigliani. Inicialmente lo iba a hacer Max Ophüls, que enfermó, muriendo poco después. También fallecerá dos años después el protagonista, Gerard Philippe da vida con autenticidad al artista autodestructivo, y aureolado de féminas, y el mismo Becker dejará este mundo tras finalizar su ora maestra “La evasión”, en 1960. De manera que esta película es tan maldita como su protagonista, el pintor de Livorno, un hombre inclasificable y sin control, sus retratos inconfundibles, estilizados, sin pupilas, no fueron valorados en su tiempo. Jacques Becker sabe transmitir la duda angustiosa del pintor, su miedo al vacío, junto al Sena tira los billetes al río, y le pide a su Jeanne, su esposa, que le abandone, que se libere. 

Becker se asoma al abismo del artista, su capacidad de observar el alma de los personajes y la lírica de muchas secuencias, la labor del camarógrafo habitual de Ophüls, Christian Matras, con los movimientos de cámara gráciles, sin cortar la toma. De pronto vemos lo que parece un plano cenital de un salón de baile, la cámara oscila y comprobamos que es un espejo en el techo. El jazz de entreguerras suena en el café, la humareda del tabaco, y Beatriz -Lili Palmer- aspira la nicotina en su boquilla y ofrece unas aceitunas a su dipsómano compañero. Su amante, escritora, Modi la golpea con saña, hasta el punto de hacerle perder el sentido, una mujer culta, bebedora, parece mirar a su amante a través de una lente, con despego y cierto masoquismo, consciente del destino fatal que les espera. Anouk Aimée otorga su elegante belleza a la joven mujer de “Modi”, Jeanne Herbulene, también artista, a la que conoce en una academia de pintura, en la que ambos se dibujan a sí mismos en lugar de al modelo.

Modigliani, díscolo y locuaz, bestia y sensible. Tantos contarán de la tuberculosis que te consumió, de la absenta y el vino que gangrenaron tus nervios. Los padres de tu amada la encerrarán para que no huya contigo, para que no se hunda en tu abismo. 

Esta noche vendemos bocetos a cinco francos en los bares…

Salvador Limón, Zacarías Cotán, Raúl Gallego. 

 

 





















jueves, 16 de mayo de 2024

414 - Plan Diabólico - John Frankenheimer 1966

 Resetear una vida más allá de la cincuentena es una oferta suculenta, disponer de una segunda oportunidad. Para un tipo reservado y hastiado de una vida monótona, trabaja en un banco, casado con una mujer con la que ya solo conversa y acompaña en las comidas. El señor Hamilton -John Randolph- acudirá a la cita, caerá en las fauces de la corporación, no puede evitar volver a leer el trozo de papel que le han entregado, la dirección, la llamada nocturna de un amigo de la universidad que creía muerto…

La puesta en escena hipnótica y kafkiana, la asombrosa factura técnica del maestro James Wong Howe. En la secuencia inicial la cámara sujeta al pecho del actor con arneses, vemos media cara y caminamos tras el infausto ciudadano, el uso del ojo de pez, los ángulos inclinados, la profundidad de campo, la lente distorsiona las paredes, los techos, y nos engulle una sensación plomiza y febril. 

Un hombre solo entra en una tintorería con dos personajes insólitos que no responden a sus preguntas, y un posterior matadero, metáfora de donde se está metiendo. 

Un mundo de renacidos. Al señor mediocre se le garantiza un nuevo perfil, una vida intensa, y un rostro como el de Rock Hudson, ¿qué más se puede pedir? Y, sin embargo, no funciona la quimera, es imposible olvidar los recuerdos, renunciar a la identidad de uno mismo, que, aunque se sintiera bastante infeliz, al fin y al cabo llevaba una vida sin sobresaltos, veraneaba con su mujer y su canoa, veía a su hija de vez en cuando, todo eso quedo en nada. En uno de los encadenados momentos siniestros del film, el anciano directivo de la empresa -Will Geer - espeta al señor indeciso: “Su vida anterior no era nada”.  

Un pintor atractivo que acude a fiestas y vive en una casa junto a las playas de Malibú. ¿Hasta qué punto el cambio radical de aspecto puede borrar el pasado, los recuerdos, la esencia del mismo ser?

Frankenheimer en un principio quería a Kirk Douglas, después a Lawrence Olivier, desdoblándose en el papel del protagonista, finalmente aceptó la idea de que fueran dos actores diferentes para cada etapa, dos trabajos excelentes lo de ambos, John Randolph y Rock Hudson. En una de las escenas claves del film el hombre con el rostro transformado por la cirugía irá a visitar a su esposa, allí contemplará su vida incompleta, su destino enterrado para siempre. 

Esta noche soñamos con una llamada que nunca llega en la sala de espera…

Zacarías Cotán, Salvador Limón y Raúl Gallego

 
  





























lunes, 29 de abril de 2024

413 - Zombi - George A Romero 1978

Cuando no hay más sitio en el infierno, los muertos vuelven a la tierra. 
Los zombis de Romero andan lentamente, sus cerebros corrompidos regresan al centro comercial, les sigue tranquilizando sentirse rodeados de víveres, y eso que son fiambres, caminan torpes, bajan por las escaleras mecánicas y caen unos sobre otros, y se levantan de nuevo. 
Si Romero revolucionó el terror con La noche de los muertos vivientes en el 68, una década más tarde lo volvería a hacer con este nuevo amanecer de los muertos, en color. En esta segunda entrega de su saga moribunda la acción ya no transcurre en un caserón en medio del campo, ahora el pequeño grupo de cuatro supervivientes se refugia en un centro comercial. Los cadáveres macilentos caminan desperdigados por el parking, su cometido es entrar en esos almacenes, parecen recordar su vida anterior, les relaja pasear por las galerías. Quizá somos muertos vivientes ya, en nuestro día a día, detrás de un carrito, repetimos los mismos rituales, estamos programados por el consumismo. Los medios de comunicación no meten miedo cada día. Hay que cerrar las verjas, las ventanas a cal y canto, ¿y de quién nos protegemos realmente?.
Romero se asoció con otro especialista del género para distribuir el film en Europa. Darío Argento, que además propuso a la banda Goblin para la magnífica banda sonora, con inconfundibles sintetizadores y líneas de bajo.
Dos agentes del orden  y una pareja unen las fuerzas que les quedan en unos grandes almacenes. Un cretino, una mujer fuerte, un tipo con los pies en el suelo, y un bromista. Heterogéneo grupo en alerta constante, el mundo tal como se conocía ha desaparecido, ahora está infestado de criaturas ávidas de carne humana. Y por si fuera poco, en el tercer tramo del film una banda de moteros se unirá a la orgía de sangre. Uno de ellos es Tom Savini, el artista del maquillaje responsable de los efectos especiales de machetazos, tripas y mordiscos. Esos motoristas parecen divertirse con la anarquía reinante, hay que darles en la cabeza, reventarles los sesos y si de pronto aparecen otros seres humanos, hacer los mismo con ellos. El mundo ha terminado, es el amanecer de los muertos. 

Esta noche buscamos un centro comercial…

Zacarías Cotán, Salvador Limón y Raúl Gallego

 
 















No he visto el filme «La noche de los muertos vivientes». antecedente directo de «Zombi», también dirigido por George A. Romero, pero por las noticias que tengo, su argumento difiere mínimamente de éste que podemos llamar segunda parte: Un grupo de personas recluidas en un local cerrado y rodeados de «zombies» o muertos vivientes, resucitados que vagan por la tierra vegetativamente, con voluntad propia, lo que los diferencia del auténtico «zombie», caníbales vampirizados y vulnerables tan sólo en la cabeza. «La noche de los muertos vivientes», filmada en blanco y negro, era, según parece, una producción de bajo coste destinada a un mercado reducido. Para la realización de «Zombi» —aunque los elementos argumentales utilizados sean muy parecidos a los del filme anterior— Romero ha encontrado en Darío Argento el soporte básico para dotar a la producción de ciertas ambiciones. Por lo pronto. se hace uso del color. Se utilizan grandes masas de figurantes como intérpretes de los «zombies», al tiempo que se dan, sobre todo al principio, una serie de referencias ambientales sobre el estado de la situación en varias comarcas norteamericanas. Las mismas características del lugar cerrado en el que permanecen los protagonistas —un inmenso supermercado donde hay literalmente de todo— sugiere la altura económica de la producción, que no se tiene que limitar a una planificación corta y efectista sino que puede mover ágilmente la cámara por espacios anchos cuyo poder de contextualización se revela lo suficientemente vigoroso como para hacer verosímil el tratamiento de «fantastique». Ese mismo distanciamiento provocado por la irrealidad de la fábula es la característica principal de un filme que, de no entroncarse directamente en las más puras esencias del género, recibirla un rechazo por parte del espectador como fórmula inaceptable de masoquismo gratuito. Escenas como las de los zombies comiéndose a personas vivas previo despedazamiento invalidan el efecto de choque de aquellas escenas que muestran el exterminio de zombies por parte de los integrantes del grupo a base de disparos en la cabeza, De esta forma, el filme se asegura una clara opción que explotará convenientemente en toda su extensión. La estructura del relato nos advierte de antemano que, a una situación tranquila y remansada, sucede una violenta y que esa misma violencia va en aumento a medida que el filme avanza. La diferencia fundamental de «Zombi» respecto a «La noche de los muertos vivientes» es que en ésta los zombies son abatidos finalmente por las fuerzas del orden, mientras que en la película que comentamos, el final se halla tan oscurecido como el principio. No hay soluciones. Diversos debates televisivos nos dan la clave de que el litigio de diferentes puntos de vista sobre cómo acabar con los zombies, invalida «de facto» el inicio de cualquier acción conjunta para llevar a cabo una determinación. Nos hallamos, pues, acompañando —y nunca mejor que aquí se puede emplear esta palabra— a tres hombres y una mujer para que consigan, al menos, poder seguir viviendo en los grandes almacenes que han «conquistado». El lugar elegido colma con creces las ilusiones del espectador, que se ve solo en un enorme supermercado como dueño de todos sus artículos, y las evoluciones consiguen que el sentido de propiedad del ser humano se instale, al tiempo que el instinto de supervivencia, en la mente del receptor, que rechaza, tan violentamente como los personajes, tanto la invasión de zombies como la de los «ángeles del infierno» motorizados del último rollo que propician la sangrienta eclosión final. 
La ley de las armas, en una repentina actualización de cierta mitología «westerniana», impera en una sociedad destruida por unos zombies que constituyen una fuerza inextinguible: «Cuando el infierno rebose de gente. los muertos caminarán sobre la tierra». convirtiendo la acción bélica de unos francotiradores en un ejército tan inútil como vegetativo. emulando de este modo a los mismos zombies. Y esta parece ser la idea central perseguida por Romero en esta macabra continuación de su tema favorito: El caos engendra violencia y ésta engendra el caos, destrucción y muerte. la cual, al no institucionalizarse como tal, vuelve a la tierra para perpetuar la primera premisa. Todo un circulo vicio-so y cerrado que halla en el filme de Romero un adecuado tratamiento. aunque, para los que no aprecien el distanciamiento del «fantastique». puede suponer un aperitivo explosivo para cualquier comida del día: por ejemplo.

Zacarías Cotán

































viernes, 12 de abril de 2024

412 - Petulia - Richard Lester 1968

 Con una estructura algo caótica avanza Petulia. Narrada con frialdad y dureza, con un humor subyacente, un film difícil sobre una mujer, Petulia – Julie Christie- hermosa, chiflada y perdida, atrapada en una jaula de oro. El doctor Archie - George C Scott-, otro en crisis vital y también cobarde, recién separado de una relación que todos decían perfecta, conocerá a ese espíritu nada libre, a esa chica vestida con colores soleados, la encuentra en el tranvía equivocado. Y a pesar del tono extraño de todo, hay romanticismo, el de las relaciones más recordadas, que son las que no cuajan. Ella le dice, hemos vivido un romance mínimo, no nos hemos contagiado ni un resfriado. 

Petulia coquetea con Archie en un acto de beneficencia a víctimas de accidentes de tráfico, su suegro rico, reparte boletos, símbolo del cinismo y el dinero, Joseph Cotten, el suegro que puede pagar hasta el tiempo de visita en el hospital, y Richard Chamberlain, el niño de papá, con una mente podrida y enfermiza, oculta el sol a una flor tan vulnerable, encerrada en un invernadero a través del que no pasa la luz. Un grupo de señoras en sillas de ruedas con rostros de maniquí, figuras de cera sedentes, desfila mientras Janis Joplin y su banda tocan en directo. Increíble comienzo, el flower power de los sesenta en San Francisco con gente vestida de etiqueta. Lester lo presenta a través de su lente difusa, con un montaje caleidoscópico, una estructura fragmentada, y unos hippies chafarderos, en la secuencia en que la chica ha sufrido la paliza, preguntan que le ha pasado a esa mujer que sacan en camilla.

Cuidada producción de Lester que pasó sin pena ni gloria por los cines, igual que su posterior distopía cómica “La sala de estar con cama”.  El diseño de producción de Dean Tavoularis o la fotografía de Nicolas Roeg aportan categoría al producto final. Con una banda sonora de John Barry integrada, soterrada en el montaje, y cortes psicodélicos de los Grateful Dead  y Janis Joplin y su banda.

Esta noche observamos desde la acera de enfrente a una chica cargando una tuba…

Raúl Gallego, Salvador Limón, Zacarías Cotán y Chari Medina. 

 
  




































jueves, 4 de abril de 2024

411 - Mystic River - Clint Eastwood 2003

 Un guion redondo de Brian Helgeland sobre la novela de Dennis Lehane, una madeja de sospechas y maldades, da lugar a una de la grandes obras de Eastwood. Clint siembra dudas, nos pone al nivel de Celeste, la esposa de Dave, un excepcional Tim Robbins, que llega la noche del asesinato con las manos manchadas de sangre y le cuenta una historia inverosímil. La pesadilla es recurrente, el padre susurra a su hijo en la cama antes de dormir, el hombre no es un hombre, es un niño, siempre lo será, un niño aterrado que ha escapado de los lobos,que ha perdido la inocencia de forma horrenda, que nunca podrá ser persona, un vampiro, un ser muerto en vida. Celeste – Marcia Gay Harden – no se fía, cree que Dave es el artífice del crimen sobre el que orbita la trama de Mystic River, el asesinato de una joven en  la católica Boston.

El film abre con tres críos jugando al hockey en una barriada, la pelota caerá en una alcantarilla, y unos nombres quedarán grabados en cemento aún húmedo, a Dave no le da tiempo de escribir el suyo, en ese momento su infancia quedará grabada, cuando acceda a subir al asiento trasero del coche de dos extraños. Los demonios de la noche rondarán a ese hombre muerto en vida, que volverá a subir a otro coche, el que le acerque al río místico, donde los pecados más innombrables se entierran. 

Eastwood trata un tema tan delicado como el abuso infantil, lo hace de modo elegante, quizá en la película más angustiosa de su filmografía. Los lazos de sangre, la pertenencia a la comunidad, la honra, y la fatalidad marcan las vidas de estos personajes.  La desgracia infantil marcará el futuro no solo del que sufre el abuso en sus propias carnes, también sus dos amigos, los que le vieron subir al automóvil, llevarán la experiencia para siempre aunque no estuvieran encerrados durante varios días en un sótano. Cada uno de ellos ha intentado salir adelante como ha podido, Jimmy-Sean Penn- metido en líos y diversos delitos ha rehecho su vida con una mujer -Laura Linney-, el personaje de Kevin Bacon es policía, se le asignará el caso de la muerte de la hija de Jimmy, y el traumatizado Dave, padre de familia y casado con otra débil de espíritu. 

Esta noche cerramos la ventana para que no entre los vampiros reales…

Zacarías Cotán, Raúl Gallego, Salvador Limón y David Velázquez

 

 




























miércoles, 20 de marzo de 2024

410 - Max y los Chatarreros - Claude Sautet 1971

 La obsesión nunca es buena, y menos si uno es agente de la ley y pretende configurar los hechos a su manera. Actuar como un dios inflexible y cruel, manipulador, Max, excelente Michel Piccoli, fuma como si se le fuera la vida en cada calada, lívido y mortuorio, no quiere fracasar más. El antiguo juez de instrucción, ahora policía, se ha propuesto atrapar a los criminales en delito flagrante, aunque para eso tenga que inducir al crimen a unos malhechores de poca monta, unos chatarreros que se sacan cuatro perras con chanchullos varios. 

A diferencia de la road movie anterior dirigida por Sautet,  A todo riesgo, con el icónico Lino Ventura, Max y los chatarreros se conduce con un tono claustrofóbico,  un polizonte perverso juega a demiurgo con unos pobres diablos. A lo largo del film van apareciendo personajes que aportan sustancia, impagable el encuentro entre Caín y Abel, o Max y Abel – Bernard Fresson- , el hombre del sombrero engaña al viejo conocido, mientras degustan el segundo Pernod en una cafetería parisina. Y a los 30 minutos más o menos surge la deidad, la prostituta reina de Nanterre y confidente del policía. Romy Scheider y Michel Piccoli están espléndidos .la simbiosis y el misterio de su relación llevan este policiaco a una dimensión diferente. Max quiere utilizar a esa mujer para su objetivo, y ahí entrará otra obsesión que quizá el agente del orden no esperaba, a partir de ahí el monstruo se humaniza, la bestia se enamorará.

Sautet delinea en su cine un acercamiento especial a los seres humanos, Daniel Auteil y Emmanuelle Beart cruzaban miradas al final de la magnífica Un CorazOn en invierno, del mismo modo Lily y Max quedarán en otro momento para culminar su affaire, quizá en otra vida.

Esta noche admiramos a la señora de rojo sobre fondo rojo…

Zacarías Cotán, Raúl Gallego y Salvador Limón

 

  




















lunes, 26 de febrero de 2024

409 - The Reader - El Lector - Stephen Daldry 2008

Es difícil abarcar la angustia del joven protagonista que lee clásicos a su amante en una bañera. En la novela original de Bernard Schlink Michael es el narrador, David Hare y Daldry, guionista y director decidieron no utilizar voz en off, asistimos a los hechos siempre desde la mirada del adolescente y después del hombre. No es cómodo sentir empatía por una mujer que ejerció de guardiana de un campo de concentración en la Alemania nazi, seleccionando las prisioneras que iban llegando para ser asesinadas una a una. Hannah Schmidt formaba parte del engranaje asesino de las SS, nadie le obligó a alistarse cuando trabajaba de joven en la Siemens, así lo declara en el juicio posterior. Y sin embargo, la magia del cine nos puede hacer sentir a algunos cierta compasión por esa mujer encerrada y semianalfabeta que ama que le lean en voz alta la literatura de Chejov, Schiller o Goethe. Esto es mérito de una excepcional Kate Winslet, que sabe trasladar los rasgos descritos por Schlink en su best seller.
David Kross está a la altura con su personaje del chico que despierta su sexualidad con una mujer bastante más mayor. La cobradora del tranvía y el estudiante de Bachiller entablan una intensa relación, tanto que marcará la vida de ambos para siempre. Daldry escogió a Ralph Fiennes para encarnar al hombre adulto, en un papel poco dado al lucimiento, su contención, su eterno mirar al pasado, al principio del film se verá a sí mismo en un pasajero de un tranvía, y en una de las secuencias más emotivas, decidirá grabar su voz recitando los libros que leía, y mandar las cintas por correo a Hannah en su condena perpetua. 
El trasfondo de este drama es el genocidio, el dilema entre la legalidad y la moral, el trauma y la culpa de la sociedad alemana. El profesor de Derecho -Bruno Ganz- dictamina en el aula, toda sociedad se rige por las leyes, y no por la moral. En realidad se nos cuenta una historia de amor entre dos generaciones de alemanes, la que vivió durante la contienda y la de los descendientes. Por debajo el arte como vía de escape, las obras de Chejov, de Goethe, de Schiller, al que según Hannah lo que le hacía falta era una mujer. Schiller, para quien solo el amor y el arte podían salvar la desazón del alma. Esa misma literatura también la condenará, es el libro escrito por una superviviente el que la delata junto a las otras guardianas, y una pila de libros le ayudará a terminar sus días en la celda antes que enfrentarse a un mundo que no es el suyo. 

Esta noche grabamos nuestra voz en un casete leyendo obras clásicas…

Zacarías Cotán, Raúl Gallego y Chari Medina

 

 



































lunes, 12 de febrero de 2024

408 - Memories of Murder (Crónica de un asesino en serie) - Bong Joon-ho 2003

Este estupendo thriller dirigido por Bong Joon Ho adapta de manera libre los crímenes de un asesino en serie que sembró el terror en Corea del Sur durante los últimos años de la dictadura militar en los ochenta. Con un principio y un final luminosos en unos arrozales donde los niños juegan y corren tras los tractores como si nada, la fotografía magnífica de Kim Hyeong-gyu nos engaña, como decía David Lynch, el horror siempre se oculta tras la superficie, aquí no  hay una oreja cortada, en ese entorno rural de cielos azules, campos verdes y amarillos dignos del mejor cuadro de Van Gogh, un policía se inclina para observar el cadáver de una chavala bajo un canal de riego, a su lado un crío repite mecánicamente sus palabras, sus órdenes  ridículas, porque los métodos de esos profesionales son realmente chapuceros, no hay rigor en su investigación.  

¿Dónde están los forenses? ¿Y el qué puso la denuncia? Pregunta a gritos el poli más simpático, su compañero es especialista en patadas giratorias con sus botas militares, a los Chuck Norris. El sospechoso, discapacitado mental, gimotea y llama a su papá, le han detenido y están convencidos de que es el autor material de los hechos porque recita el modus operandi del asesino de memoria. 

Bong Joon-ho sabe trasmitir la desesperación de esos agentes que no dan con la tecla, buscan a ciegas. Un policía que confía en su intuición, que recurre a una vidente, al fin  será la compañera detective la que muestre más profesionalidad, ha comprobado que cada noche que el asesino actúa, la misma canción pop, “Carta Triste”, suena en la radio.

La ambientación de una Corea del Sur precaria en los años de atraso económico, las fuerzas del orden más cutres y los resultados del ADN enviados a los Estados Unidos para estudiarlos, en Corea  no disponían de la tecnología adecuada. Bong nos encierra en ese sótano dela comisaría donde maltratan a un ser desvalido, pone la cámara en el rostro amordazado de una joven a punto de morir, y así encadena el sufrimiento más duro con golpes de humor gamberro y crítica de una sociedad ramplona y cateta como la del lugar donde ocurren los hechos. El detective enviado desde Seúl, más preparado y sereno, terminará perdiendo los estribos igual, contagiado o desesperado ante la certeza y la impotencia. 

Esta noche cantamos en el karaoke una canción ligera coreana…

Salvador Limón, Zacarías Cotán, Raúl Gallego y Chari Medina

 
  





























martes, 30 de enero de 2024

407 - La Aventura - Michelangelo Antonioni 1960

El cine de Antonioni encuentra una de sus cumbres en La Aventura (1960), inicio de la trilogía de la incomunicación, junto con “La noche” y “El Eclipse”, tetralogía con “El desierto rojo” para otros. En todas domina la belleza hierática y febril de Mónica Vitti, en La Aventura es la amiga de Lea Massari, la niña de papá, novia del arquitecto Sandro -Gabriele Ferzetti-  Las escritura cinematográfica de Antonioni no se rige por una estructura narrativa tradicional, con una plástica de encuadres excelente, el abismo de los acantilados de las islas Eólicas refugia la angustia de los burgueses en el crucero, matrimonios cansados de oírse y de verse, tipos nefastos, podridos de dinero y hartos de todo, a uno en un momento dado se le resbala una vasija antigua y se rompe, se encoge de hombros como si tal cosa. La joven romana se baña y grita aterrada, un tiburón inexistente, surgió de la nada y se perdió en ella, igual que la misma mujer, desaparecerá para siempre entre el mar y las rocas sicilianas. En un principio la buscan, la llaman, y en poco tiempo se van olvidando de ella, se diluye su presencia hasta el punto de que la amiga y el novio comenzarán un romance a las pocas horas.
En una de sus continuas desavenencias con su voluble y egoísta compañera, antes que desaparezca, Sandro se pregunta de qué sirve discutir, de que sirve el lenguaje en un mundo que va a la deriva. Nada parece importar en las relaciones de estos burgueses aburridos, solo el dinero y la apariencia, devorados por el Spleen de los poetas malditos, de Baudelaire o Rimbaud, de algún modo los personajes de La aventura están perseguidos por la maldición de existir. Como dijo Lucrecio, nada es estable, toda vida termina con un ademan incierto, cuando el deseo de la carne da paso a la desidia, así Sandro no parece nunca estar satisfecho, es un aventurero sin objetivos. Aplaudir desde la barbarie el fin del romanticismo, los iluminados de hoy en día lo gritan y celebran desde sus púlpitos. Antonioni, visionario, ya retrató a esa gente desalmada. La desaparición de Lea Massari es lo de menos, a Antonioni le interesa la reacción de los otros. Claudia pasa de la preocupación al miedo de que la amiga haya sobrevivido, y es que esto sería el fin de la aventura.

Esta noche tañemos las campanas de la iglesia en un pueblo de las islas sicilianas…

Zacarías Cotán, Chari Medina, Salvador Limón y Raúl Gallego

 

 


















martes, 9 de enero de 2024

406 - Armas de Mujer - Mike Nichols 1988

 Comedia de los ochenta en plena era Reagan, el neoliberalismo que trato de otro modo menos frívolo en Wall Street Oliver Stone. En Armas de mujer dos actrices son las protagonistas, Melanie Griffith y Sigourney Weaver. Una mujer intenta cumplir sus sueños, abrirse paso en la selva de las finanzas en plena Gran Manzana. Melanie Griffith es Tess, una secretaria con ambiciones en un mundo de tiburones, tras su enésimo despido encuentra trabajo con su primera jefa. Sigourney Weaver, y parece va a cambiar el panorama para mejor. 

Algunos han visto un mensaje feminista en este film, donde los hombres son bobalicones, obsesos o mequetrefes, están de comparsa. Un Harrison Ford guaperas, es un pez gordo con poca sustancia, y Alec Baldwin, el novio botarate, hasta Kevin Spacey aparece en una escena decadente de yuppie cocainómano. 

Las desventuras de esa chica humilde que cada mañana se despierta temprano, coge su ferry desde Staten Island a Manhattan y sueña con llegar a ser alguien bajo la mirada de la Estatua de la Libertad. En el guion de Kevin Wade dos mujeres llegan a insultarse hasta meterse con la forma del trasero de la jefaza. Más podría contemplarse la comedia de Nichols como una farsa en torno a la lucha de clases, en que una chica humilde intenta subir de categoría, utilizando malas artes tras ser traicionada de nuevo, usurpando el puesto de una superior. Trucos de guion sucesivos propician que el espectador se solidarice con la guapa currante, uno de los consejos de la jefa -Weaver- a su supuesta discípula es que no espere sentada a que ocurra lo que desea, hay que provocar que ocurra, y sin embargo los hechos transcurren por casualidad, un accidente de esquí, una grabadora de casete, o una agenda olvidada.

Esta noche pasamos la aspiradora en tacones y ropa interior…

Rosario Medina, Zacarías Cotán, Salvador Limón y Raúl Gallego

 
 


























sábado, 30 de diciembre de 2023

405 - La Noche es Nuestra - James Gray 2007

La noche es nuestra comienza con una fotografías en blanco y negro de los policías de Brooklyn a finales de los ochenta, esas tomas congeladas en plena faena dan paso a una secuencia erótica de Eva Mendes sobre un sofá. Ahí va a oscilar todo el metraje, entre dos mundos, el de la policía, tratado con respeto y conocimiento, y el de la vida alegre, las drogas, los traficantes rusos, sus trapicheos, el club de baile en que trabaja Bobby, un Joaquin Phoenix entregado como siempre. Bobby nada entre dos aguas, es hijo del jefe de policía del distrito, hermano de otro agente -Mark Wahlberg-. Tendrá que decantarse por uno de los dos bandos, así se lo recuerda el padre en la secuencia de la iglesia, con los policías, entre ellos Tony Musante-, otro guiño del director Gray al género, reunidos en torno al hijo descarriado, que finalmente deberá seguir los postulados de la familia. Es curioso como nos puede recordar a la trilogía de Coppola, El Padrino y sus hijos respetaban tanto la institución familiar como los policías de James Gray. 
Lo mejor del film es la autenticidad. las relaciones entre los hermanos, los lazos familiares, la forma de tratarse, las faltas de respeto, los reencuentros, y la fuerza de la sangre. Mediante el dolor se hace la unión. Un hermano visita al otro gravemente herido en el hospital, el padre en el gimnasio recibe la mala nueva, quién de los dos ha sido?  Y una mujer marcada también por el destino, Amada, una portorriqueña con corazón, se ha equivocado de bando, no es la típica mujer fatal del género aunque terminará hablando más de la cuenta. 
Con una visión moralista por parte del director, tomas nerviosas y caóticas de Bobby, Jumbo - Danny Hoch- y su cohorte de macarrillas en las fiestas, música de Blondie y David Bowie en la discoteca, y planos sobrios en las reuniones del gremio policial, en la comisaría, o el entierro. Un entierro que dio lugar al guion de Gray,  se le fue ocurriendo la historia tras ver la foto del funeral de un miembro de la policía caído en acto de servicio. 
La fotografía de interiores de Asa Bay de tonos cálidos, intimista, otra vez recuerda el clasicismo de  El Padrino, los planos del Club Caribe nos hacen pensar en el Scarface de de Palma, al Casino de Scorsese, y las persecución y la escena final en la nave donde entregan la droga nos traslada a French Connection, de Friedkin.

Esta noche apretamos el Zippo en el bolsillo….

Salvador Limón, Zacarías Cotán, Raúl Gallego y Chari Medina. 

 

 

































viernes, 15 de diciembre de 2023

404 - Bola de Fuego - Howard Hawks 1941

 Érase una vez un profesor de lengua inglesa, y siete enanitos, todos vivían en un caserón, con una ama de llaves mandona. De pronto en las vidas de estos ratones de biblioteca, enfrascados en completar una enciclopedia, surgió una bola de fuego, una llamarada con flequillo de Cleopatra, una seductora cantante de club que puso patas arriba la rutina de estos peculiares profesores. 

Howard Hawks contó con los cimientos adecuados para esta versión libre del cuento, guion de Billy Wilder y Charles Brackett, la fotografía de Gregg Toland y una pareja memorable, Gary Cooper y Barbara Stanwyck, que ese mismo año brillaban con Capra en “Juan Nadie”, Dana Andrews hace de gánster, y un grupo de actores con vis cómica como Richard Haydn, Oscar Homolka o S Z Sakall, los colegas académicos del profesor Pott. 

En esta lucha entre el conocimiento y el saber, y las malas artes de los delincuentes al servicio del personaje de Andrews, asistimos a las peripecias de unos eruditos que entienden de todo menos del sexo opuesto, y eso que uno de ellos es viudo, siempre recuerda su anemone nemorosa. La flor extiende sus pétalos al sol de nuevo, ahora es una cabaretera con vestido de lentejuelas y mucha desfachatez, que volverá majaras a los maestros. De fondo una subtrama gansteril, el mundo callejero de Sugarpuss, y un número musical magnífico con la orquesta del batería Gene Kruppa y su boogie de la batería.

Esta noche bailamos la conga con la señora Stanwyck…

Salvador Limón, Zacarías Cotán y Raúl Gallego