lunes, 29 de abril de 2024

413 - Zombi - George A Romero 1978

Cuando no hay más sitio en el infierno, los muertos vuelven a la tierra. 
Los zombis de Romero andan lentamente, sus cerebros corrompidos regresan al centro comercial, les sigue tranquilizando sentirse rodeados de víveres, y eso que son fiambres, caminan torpes, bajan por las escaleras mecánicas y caen unos sobre otros, y se levantan de nuevo. 
Si Romero revolucionó el terror con La noche de los muertos vivientes en el 68, una década más tarde lo volvería a hacer con este nuevo amanecer de los muertos, en color. En esta segunda entrega de su saga moribunda la acción ya no transcurre en un caserón en medio del campo, ahora el pequeño grupo de cuatro supervivientes se refugia en un centro comercial. Los cadáveres macilentos caminan desperdigados por el parking, su cometido es entrar en esos almacenes, parecen recordar su vida anterior, les relaja pasear por las galerías. Quizá somos muertos vivientes ya, en nuestro día a día, detrás de un carrito, repetimos los mismos rituales, estamos programados por el consumismo. Los medios de comunicación no meten miedo cada día. Hay que cerrar las verjas, las ventanas a cal y canto, ¿y de quién nos protegemos realmente?.
Romero se asoció con otro especialista del género para distribuir el film en Europa. Darío Argento, que además propuso a la banda Goblin para la magnífica banda sonora, con inconfundibles sintetizadores y líneas de bajo.
Dos agentes del orden  y una pareja unen las fuerzas que les quedan en unos grandes almacenes. Un cretino, una mujer fuerte, un tipo con los pies en el suelo, y un bromista. Heterogéneo grupo en alerta constante, el mundo tal como se conocía ha desaparecido, ahora está infestado de criaturas ávidas de carne humana. Y por si fuera poco, en el tercer tramo del film una banda de moteros se unirá a la orgía de sangre. Uno de ellos es Tom Savini, el artista del maquillaje responsable de los efectos especiales de machetazos, tripas y mordiscos. Esos motoristas parecen divertirse con la anarquía reinante, hay que darles en la cabeza, reventarles los sesos y si de pronto aparecen otros seres humanos, hacer los mismo con ellos. El mundo ha terminado, es el amanecer de los muertos. 

Esta noche buscamos un centro comercial…

Zacarías Cotán, Salvador Limón y Raúl Gallego

 
 















No he visto el filme «La noche de los muertos vivientes». antecedente directo de «Zombi», también dirigido por George A. Romero, pero por las noticias que tengo, su argumento difiere mínimamente de éste que podemos llamar segunda parte: Un grupo de personas recluidas en un local cerrado y rodeados de «zombies» o muertos vivientes, resucitados que vagan por la tierra vegetativamente, con voluntad propia, lo que los diferencia del auténtico «zombie», caníbales vampirizados y vulnerables tan sólo en la cabeza. «La noche de los muertos vivientes», filmada en blanco y negro, era, según parece, una producción de bajo coste destinada a un mercado reducido. Para la realización de «Zombi» —aunque los elementos argumentales utilizados sean muy parecidos a los del filme anterior— Romero ha encontrado en Darío Argento el soporte básico para dotar a la producción de ciertas ambiciones. Por lo pronto. se hace uso del color. Se utilizan grandes masas de figurantes como intérpretes de los «zombies», al tiempo que se dan, sobre todo al principio, una serie de referencias ambientales sobre el estado de la situación en varias comarcas norteamericanas. Las mismas características del lugar cerrado en el que permanecen los protagonistas —un inmenso supermercado donde hay literalmente de todo— sugiere la altura económica de la producción, que no se tiene que limitar a una planificación corta y efectista sino que puede mover ágilmente la cámara por espacios anchos cuyo poder de contextualización se revela lo suficientemente vigoroso como para hacer verosímil el tratamiento de «fantastique». Ese mismo distanciamiento provocado por la irrealidad de la fábula es la característica principal de un filme que, de no entroncarse directamente en las más puras esencias del género, recibirla un rechazo por parte del espectador como fórmula inaceptable de masoquismo gratuito. Escenas como las de los zombies comiéndose a personas vivas previo despedazamiento invalidan el efecto de choque de aquellas escenas que muestran el exterminio de zombies por parte de los integrantes del grupo a base de disparos en la cabeza, De esta forma, el filme se asegura una clara opción que explotará convenientemente en toda su extensión. La estructura del relato nos advierte de antemano que, a una situación tranquila y remansada, sucede una violenta y que esa misma violencia va en aumento a medida que el filme avanza. La diferencia fundamental de «Zombi» respecto a «La noche de los muertos vivientes» es que en ésta los zombies son abatidos finalmente por las fuerzas del orden, mientras que en la película que comentamos, el final se halla tan oscurecido como el principio. No hay soluciones. Diversos debates televisivos nos dan la clave de que el litigio de diferentes puntos de vista sobre cómo acabar con los zombies, invalida «de facto» el inicio de cualquier acción conjunta para llevar a cabo una determinación. Nos hallamos, pues, acompañando —y nunca mejor que aquí se puede emplear esta palabra— a tres hombres y una mujer para que consigan, al menos, poder seguir viviendo en los grandes almacenes que han «conquistado». El lugar elegido colma con creces las ilusiones del espectador, que se ve solo en un enorme supermercado como dueño de todos sus artículos, y las evoluciones consiguen que el sentido de propiedad del ser humano se instale, al tiempo que el instinto de supervivencia, en la mente del receptor, que rechaza, tan violentamente como los personajes, tanto la invasión de zombies como la de los «ángeles del infierno» motorizados del último rollo que propician la sangrienta eclosión final. 
La ley de las armas, en una repentina actualización de cierta mitología «westerniana», impera en una sociedad destruida por unos zombies que constituyen una fuerza inextinguible: «Cuando el infierno rebose de gente. los muertos caminarán sobre la tierra». convirtiendo la acción bélica de unos francotiradores en un ejército tan inútil como vegetativo. emulando de este modo a los mismos zombies. Y esta parece ser la idea central perseguida por Romero en esta macabra continuación de su tema favorito: El caos engendra violencia y ésta engendra el caos, destrucción y muerte. la cual, al no institucionalizarse como tal, vuelve a la tierra para perpetuar la primera premisa. Todo un circulo vicio-so y cerrado que halla en el filme de Romero un adecuado tratamiento. aunque, para los que no aprecien el distanciamiento del «fantastique». puede suponer un aperitivo explosivo para cualquier comida del día: por ejemplo.

Zacarías Cotán

































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